11 jul 2011

Los grelos y las nabizas contribuyen a reducir el riesgo de padecer enfermedades

Ambas hortalizas destacan por una elevada cantidad de compuestos bioactivos

Fuente: consumer (12 de mayo de 2011)

Los grelos y las nabizas tienen un bajo nivel calórico y un elevado contenido en fibra, de forma que contribuyen a mejorar la salud y a reducir el riesgo de enfermedades, según una tesis del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que analizó las propiedades nutricionales y los compuestos beneficiosos presentes en ambas hortalizas.

Ricos en proteínas y fuente de minerales -como potasio, hierro o calcio- y vitaminas -como la A, la E y la C-, en los grelos y las nabizas se identificó un elevado número de compuestos bioactivos. No obstante, se constató que, tras un proceso de cocción, su proporción se reduce significativamente y la mayor parte queda en el agua, por lo que se recomienda su consumo en sopas o salsas.

La tesis indica que los grelos, que en Galicia cuentan con Indicación Geográfica Protegida, se caracterizan por poseer una alta concentración de glucosinolatos (compuestos implicados en la prevención de diferentes tipos de cáncer) y las nabizas tienen una abundante cantidad de compuestos fenólicos (sirven de antioxidantes naturales).

En la tesis, titulada "Compuestos bioactivos y producción de grelos y nabizas: variación fenotípica y ambiental" y realizada por la bióloga Marta Francisco, se estudiaron también caracteres agronómicos, nutritivos y sensoriales de 12 variedades de grelos y nabizas cultivadas en diferentes ambientes de A Coruña, Pontevedra y Lugo. Ello permitió determinar cuáles son más idóneas para la producción y cuáles pueden tener un doble aprovechamiento.

"Tanto los grelos como las nabizas deben formar parte de nuestra dieta diaria, pues hemos cuantificado en ambos casos un bajo nivel calórico, un elevado contenido en fibra, riqueza en proteínas y fuente de minerales y vitaminas, así como un elevado contenido en compuestos bioactivos, con lo que su consumo puede repercutir positivamente en nuestra salud y bienestar", explica la investigadora.

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8 jul 2011

Irradiación de los alimentos Polémica forma de conservarlos

Productores agrícolas, fabricantes, distribuidores y consumidores se preparan para la llegada de una nueva (aunque algunos países ya la aplican desde hace más de 30 años) prestación de la ingeniería aplicada a los alimentos: la irradiación

Fuente: consumer (26 de mayo de 2010)
Consiste en la aplicación de radiaciones ionizantes a frutas, verduras, carnes, pescados y alimentos precocinados, con el fin de esterilizarlos (extermina los microorganismos) y prolongar su conservación sin necesidad de frío. La técnica consiste en pasar el alimento por una cámara de cemento blindado donde se la expone a los rayos gamma del cobalto-60 o del cesio-137.
Estas radiaciones modifican los procesos normales de las células vivientes. Así, se inhibe el desarrollo de bacterias y se retrasa la aparición de brotes en las patatas, ajos y cebollas, la maduración de las frutas y la descomposición de la carne. Con la irradiación masiva de los alimentos, bacterias como la salmonella o la listeria, causantes de muchas intoxicaciones, podrían quedar erradicados. Pero, a pesar de su apariencia tan positiva, la irradiación levanta mucha polémica, y, como casi siempre, todo varía según de quién procede la versión.
Para la industria alimentaria, es un modo eficaz y seguro de garantizar la conservación de los alimentos y de evitar la transmisión de enfermedades por vía alimentaria, eludiendo así los problemas sanitarios que alimentos en mal estado podrían causar en quienes los ingieren.
El Parlamento Europeo discute una normativa que saldrá a la luz en breve, en la que tendrá que pronunciarse sobre si estos alimentos irradiados deben llevar una etiqueta especial que los catalogue y defina como alimentos tratados con radiaciones ionizantes. Es esta una etiqueta que, según quienes aplauden y auspician esta técnica de conservación espantaría a los posibles consumidores. En cambio, para organizaciones de consumidores y ecologistas la etiqueta es una información fundamental a la hora de decidirse por un tipo u otro de conservación.
Actualmente, es obligatorio incluir en el envase de cada lote de productos un símbolo internacional con la leyenda "irradiado" o "tratado con radiaciones ionizantes", lo que no se cumple. Una encuesta del Food Marketing Institute entre 1.000 norteamericanos reveló recientemente que más del 30% de los consumidores estarían dispuestos a comprar alimentos irradiados, y que dos terceras partes de esas personas dispuestas a adquirirlos lo haría por estimar que no habría bacterias en ellos, mientras que el resto lo harían por el mayor período de conservación que permite, con la consiguiente comodidad para el consumo.

Por otra parte, el 55% de los encuestados prefería las denominaciones "pasteurización en frío" o "pasteurización electrónica" a otras que incluyeran el término "irradiación". En España no hay ninguna planta industrial específica que irradie alimentos, pero está permitida la comercialización de los que llegan de otros países.

Entre nosotros, hay alimentos irradiados que se pueden comprar como pescado no fresco procedente de Japón, marisco congelado de Chile, Francia o Sudáfrica, patatas de Holanda; cereales procedentes de Chequia o Francia, cacao de Brasil, frutas exóticas, especias y carnes de alto precio como salchichas de cerdo fermentadas y vacuno provenientes de Holanda o Francia.

Sí a la irradiación

Los defensores de la irradiación opinan que no supone ningún riesgo para la salud del consumidor. Evita intoxicaciones y limita el uso de conservantes químicos, aseguran. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) respaldan esta técnica, porque se abre una vía fácil y efectiva a la conservación de los alimentos, especialmente en el Tercer Mundo.

La irradiación de alimentos presenta hoy dos ventajas: la reducción de pérdidas de alimentos tras la recolección y la mejora de su calidad sanitaria. Un buen ejemplo es la irradiación de fruta fresca para eliminar ciertos insectos que causan estragos en un centenar de variedades durante su almacenamiento, retrasando además su proceso de maduración y prolongando su vida comercial útil; o también la destrucción de larvas en cereales, legumbres y semillas, que devoran, en su fase de gorgojo, grandes parte de las reservas almacenadas.

Se estima que, sólo en el Tercer Mundo, se pierden entre el 30% y el 50% de los alimentos recolectados, por lo que la irradiación podría suponer, según sus defensores, un gran estímulo para remediar el problema del hambre en el mundo.

La otra vertiente es la del cumplimiento de la normativa sanitaria en las características microbiológicos de los alimentos, que en ocasiones son portadores de gérmenes patógenos (salmonella, trichina, listeria, campyiobacter). También se aplica la irradiación con vistas a la higienización de especias para la fabricación de embutidos.

Las ciencias nucleares y las instituciones reguladoras de la irradiación aseguran haber previsto las salvaguardias tecnológicas necesarias para prevenir la inducción de radiactividad; es más, afirman que bastaría con que la radiación gamma utilizada procediera de fuentes isotópicas, como el cobalto-60.

No a la irradiación

Agrupaciones antinucleares y ecologistas afirman que la irradiación destruye el valor nutritivo de los alimentos y que produce sustancias muy contaminantes y difíciles de detectar. A su vez, avisan del riesgo de que si la dosis de irradiación adecuada se supera, puedan producirse alteraciones genéticas en los propios alimentos. En su opinión, la irradiación no es la panacea, ya que no puede sustituir a la higiene, al envasado, al almacenamiento y a la manipulación correctos de los alimentos. Con la técnica de la irradiación de los alimentos, temen sus detractores, se puede propiciar la aparición de plagas y microorganismos extremadamente resistentes. El ejemplo de los plaguicidas está ahí: se han creado variedades casi indestructibles de insectos, bacterias o virus.

Esta forma artificial y tecnológica de luchar contra los "enemigos" podría abocarnos, según las tesis contrarias a la irradiación, a situaciones imprevisibles en un terreno tan delicado como la salud pública. Es posible, aseguran, que las radiaciones provoquen en los alimentos una serie de cambios bioquímicos que deben valorarse en su justa medida, ya que afectan negativamente al aspecto y a las propiedades nutritivas de los alimentos.

Algunas investigaciones han descrito cambios de color en carnes, pescados, frutas y queso, modificaciones de textura en la carne por rotura de fibras, alteraciones del sabor por rotura de proteínas y por el enranciamiento de las grasas.

También se afirma que hay pérdida de calidad nutritiva, que se han descrito alteraciones de ciertas vitaminas liposolubles que se encuentran mayoritariamente en los huevos y la mantequilla.

Investigadores brasileños han dictaminado, por su parte, que la irradiación disminuye ligeramente el contenido de los alcaloides, responsables del sabor y de las propiedades estimulantes del café y del cacao.

Los críticos con la irradiación sostienen, por otro lado, que está muy poco claro que la irradiación pueda ayudar realmente a los países menos desarrollados, ya que éstos no pueden acceder a la carísima tecnología nuclear.

Un irradiador de alimentos puede costar entre 150 y 300 millones de pesetas.
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4 jul 2011

La calidad en la irradiación de la carne

Para que un alimento irradiado sea similar al de origen se necesita una materia prima de óptima calidad

En términos ideales, la tecnología de irradiación podría considerarse como la más adecuada para reducir la carga de microorganismos patógenos hasta su mínima expresión. Pero su aplicación debe efectuarse con mesura: hay que respetar escrupulosamente los límites máximos para evitar pérdidas de calidad o la inducción de procesos tóxicos. En la carne esta necesidad se hace todavía más evidente.

Fuente: concuner  (26 de mayo de 2010)
Autor: Por JOSÉ JUAN RODRÍGUEZ JEREZ

El uso de las tecnologías de irradiación para prolongar la vida útil de los alimentos viene siendo recomendada, aunque con éxito desigual en función de a qué lado del Atlántico nos encontremos, por su enorme eficacia en la reducción de la contaminación por patógenos. La recomendación se ha hecho extensiva a la carne, un alimento en el que la presencia de patógenos como "Salmonella" y "Campylobacter", además de "Listeria monocytogenes" o "Escherichia coli", debería obligar a tratamientos preventivos.
Por definición, este tratamiento supone una mejora en las condiciones de seguridad de los alimentos, pero no siempre este parámetro guarda relación con la calidad del producto final. Normalmente, cualquier tratamiento supone una modificación de las características organolépticas de los alimentos y la irradiación no es una excepción. Por ello, es importante que a la vez que se recomiende un cierto tratamiento se considere la mejora en la seguridad y las modificaciones que se lleguen a inducir en los alimentos, a fin de determinar si su aplicabilidad es o no idónea.

Eliminación de microorganismos
La irradiación en dosis adecuadas es capaz de eliminar microorganismos
Multitud de investigaciones han demostrado, desde hace más de 50 años, que la irradiación en dosis adecuadas es capaz de eliminar microorganismos. Esta acción destructiva se fundamenta en la capacidad que posee la energía de las radiaciones gamma para alterar la estructura del material genético, así como de los mecanismos de multiplicación y actividad celular. Al mismo tiempo, la irradiación está asociada con los procesos de oxidación celular, siendo éste en sí mismo un mecanismo de destrucción microbiano muy potente.
Una de las ventajas más interesantes de la irradiación es que el tratamiento se puede realizar una vez que se ha finalizado todo el procesado del alimento. Se puede trabajar y manipular la carne, por ejemplo, de la forma que se considere oportuna, con un procesado que irá desde el transporte de los animales de la granja hasta el matadero, su sacrificio, con su posterior manipulación y despiece.

Cuando toda esta transformación ha tenido lugar, se puede envasar y aislar el producto final del medio, de forma que se impida su recontaminación. Finalizada esta última etapa, se puede enviar a una planta de irradiación. Gracias a que la energía de las radiaciones ionizantes o rayos gamma son de una elevada penetración, entrarán dentro del alimentos, atravesando el envase y consiguiendo una reducción de la carga microbiana con una eliminación casi completa de los patógenos habituales.
Una consecuencia directa asociada a la reducción del número de los microorganismos es el incremento de la vida comercial del producto final, que será mayor dependiendo del número de microorganismos que queden tras todo el procesado y de su capacidad para multiplicarse con posterioridad al tratamiento.

Del mismo modo que se ha demostrado la reducción del nivel de contaminación biótica, diversas investigaciones han puesto de relieve que la radiación induce a la oxidación de los componentes lipídicos del alimento. Esta observación, vigente desde hace años, ha llevado a recomendar el empleo de esta tecnología a alimentos poco grasos, a fin de impedir una alteración precoz del producto.
Recientemente se ha impuesto en algunos países, especialmente en Estados Unidos, la aplicación de radiaciones a bajas dosis a productos considerados de riesgo como las carnes picadas. Estas bajas dosis pueden conseguir un cierto control de los microorganismos patógenos, no reduciendo excesivamente la microbiota total. El objetivo es que se induzcan los menores cambios posibles en el alimento para evitar alteraciones y mejorar la seguridad.
No obstante, es posible que se produzcan alteraciones, especialmente en el color, además de mermas en el sabor o la presencia de aromas extraños. Estas alteraciones o mermas juegan un papel determinante en la vida comercial de la carne. Hay que tener en cuenta, sin ir más lejos, que el color es el atributo primario de carne fresca que afecta la decisión del consumidor a la hora de la compra. Además, los consumidores esperan una apariencia uniforme dentro de un grupo de productos.
DOSIS Y EFECTOS

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, una dosis de 10 Kgy se podría considerar segura, de forma que el producto no puede ser radiactivo, y se consigue una esterilización completa. Sin embargo, a esta dosis se evidencian modificaciones muy significativas, incluso superiores a las derivadas de la esterilización por calor o cocción. Estas modificaciones se caracterizan por una decoloración evidente, así como por aromas y sabores desagradables.
Estos problemas se deben a la formación de sustancias reactivas muy inestables, denominadas radiolíticas, que podrían poseer una cierta toxicidad por su capacidad para inducir oxidación celular.

¿Cuál es la dosis de radiación recomendable para evitar la aparición de problemas organolépticos? En general, la dosis límite se sitúa en 2 KGy. Cuando se supera este umbral, se evidencia una ligera decoloración, que será mayor cuanto mayor sea la dosis aplicada. Sin embargo, en este límite se detectan fácilmente aromas y sabores propios identificadores del tratamiento al que se ha sometido al alimento. Si la dosis es inferior a 2 KGy, no se observan modificaciones ni en el alimento crudo ni en el alimento cocinado, no apreciándose diferencias significativas tras el cocinado, entre el producto tratado y el no tratado.

Una de las posibles causas de los aromas extraños se ha relacionado con la presencia de oxígeno en los alimentos. Sin embargo, en los estudios realizados recientemente se ha apreciado que no existen diferencias entre los productos envasados con o sin oxígeno, y sin embargo, si que se evidencia un fenómeno que puede ser preocupante, como es la relación existente entre radiación y transferencia de materiales de los envases a los alimentos que los contienen.
Otro parámetro que se ha manifestado como fundamental para mejorar las características organolépticas de los alimentos irradiados es la calidad de la materia prima empleada. Para que no aparezcan aromas extraños en los alimentos irradiados, se hace necesario que la materia prima empleada posea la mejor calidad posible, ya que si el alimento utilizado es de una calidad deficiente, los productos resultantes adquieren unos aromas extraños que los hacen rechazables para los consumidores.

Bibliografía
  • Grant, I. R., y Patterson, M. F. (1991). Effect of irradiation and modified atmosphere packaging on the microbiological and sensory quality of pork stored at refrigeration temperatures. International Journal of Food Science and Technology, 26, 507-519.
  • Hanis, T., Jelen, P., Klyr, P., Mnñukova, J., Perez, B., y Pesek, M. (1989). Poultry meat irradiation. Effect of temperature on chemical changes and inactivation of microorganisms. Journal of Food Protection, 52, 26-29.
  • Lee, M., Sebranek, J., y Parrish, F. C., Jr. (1996). Accelerated postmortem aging of beef utilizing electron beam irradiation and modified atmosphere packaging. Journal of Food Science, 61, 133-136, 141.
  • Montgomery, J.L., Parrish Jr.F.C., Olsonb, D.G., Dicksonb, J.S. y Niebuhr, S. (2003). Storage and packaging effects on sensory and color characteristics of ground beef. Meat Science, 64, 357-363.
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2 jul 2011

Alimentos irradiados

La irradiación es un método de conservación de alimentos y no provoca ningún efecto nocivo para la salud

A  pesar de que la connotación de "producto irradiado" resulta negativa entre la población general, debe quedar bien claro que la irradiación de alimentos nada tiene que ver con la energía nuclear. De hecho, el Comité de la FAO-OMS (Food Agriculture Organisation-Organización Mundial de la Salud) emitió en su día un comunicado en el que afirmaba que "el consumo de alimentos irradiados, a las dosis autorizadas, no presenta ningún peligro para la salud de las personas".

Fuente: consumer (26 de mayo de 2010)

Pero , ¿en qué consiste la irradicación?. Se trata de una tecnología basada en la aplicación de radiaciones ionizantes capaces de eliminar microorganismos, algunos de ellos patógenos, de un amplio grupo de productos y componentes alimenticios. La técnica consiste en pasar los alimentos por una cámara de cemento blindado donde se la expone a los rayos gamma del cobalto-60 o del cesio-137. Informes científicos favorables de organizaciones como la OMS, la FAO, la FDA y el CDC (Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos), han establecido dosis seguras de radicación y recomiendan su uso como tecnología para garantizar la seguridad alimentaria de ciertos productos alimenticios.

Sólo se podrá utilizar para reducir los riesgos de enfermedades mediante la destrucción de organismos patógenos, la reducción del deterioro de los productos alimenticios, frenando o deteniendo el proceso de descomposición mediante la destrucción de los organismos responsables de dicho proceso, la reducción de la pérdida de productos alimenticios debida a procesos de maduración prematura, germinación o aparición de brotes y para la eliminación, en los productos alimenticios, de los organismos nocivos para las plantas y los productos vegetales.

¿Afecta a los alimentos?

Algunas investigaciones han descrito cambios de color en carnes, pescados, frutas y queso, modificaciones de textura en la carne por rotura de fibras, alteraciones del sabor por rotura de proteínas y por el enranciamiento de las grasas. Por otro lado, se sabe que se producen pérdidas de vitaminas hidrosolubles (C y B1 o tiamina), aunque similares a las producidas por cualquier otro tipo de aplicación de calor (cocido o hervido, etc.) y de vitaminas liposolubles A y D, por enranciamiento de grasas en productos tales como la mantequilla.

Etiquetado

Actualmente, es obligatorio incluir en el envase de cada lote de productos un símbolo internacional con la leyenda "irradiado" o "tratado con radiaciones ionizantes", lo que no siempre se cumple.
• Directiva 1999/3/EC. Normativa por la que se acepta la irradiación de los alimentos para las hierbas aromáticas secas, especias y algunos vegetales.

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23 jun 2011

La irradiación de los alimentos, ¿una necesidad o un fraude?

La irradiación es un tratamiento físico, por el que se aplica sobre el alimento una elevada cantidad de energía en forma de radiación ionizante. Esto significa que se aplica sólo energía y no partículas. Es por ello que resulta muy difícil que los alimentos resulten radiactivos. Esta tecnología puede utilizarse bien para prolongar la vida comercial de los alimentos o bien para destruir los patógenos.

Fuenyte: consumer (26 de mayo de 2010)
Por JOSÉ JUAN RODRÍGUEZ JEREZ

En los alimentos que existe un riesgo de presencia de seres vivos (virus, bacterias o parásitos) con capacidad para desencadenar enfermedades en las personas o en los animales, permite asegurar o mejorar su inocuidad. Tal y como señala la Unión Europea, este tipo de tratamiento puede utilizarse para diferentes fines:

• Prevención de la germinación de patatas, cebollas y ajos, porque elimina las células responsables de la germinación y el envejecimiento de los vegetales.
• Desinfestación mediante la destrucción de los parásitos presentes en diferentes productos vegetales.
• Retraso de la maduración y/o envejecimiento de los vegetales.
• Prolongación de la vida comercial y prevención de las enfermedades transmitidas por los alimentos. Reduce el número de microorganismos, por ejemplo en carne o pescado, entre otros.
• Reducción del número de microorganismos en especias y hierbas.

En la práctica, el empleo de esta tecnología está muy limitada a la autorización en diferentes países y a su aceptación por parte de los consumidores. Desde un punto de vista técnico, emplea residuos procedentes de las centrales nucleares, que de otra manera no tienen ninguna función. Es una tecnología segura que no implica problemas posteriores de tipo sanitario. Sin embargo, cuenta con una mala imagen , lo que implica un rechazo a su consumo.

De la legislación europea a la situación actual

En el ámbito comunitario el empleo de esta tecnología esté regulada por diferentes directivas y queda prohibida la venta de cualquier producto que no cumpla con la normativa desde el 20 de marzo de 2001. Las directivas europeas indican que el tratamiento con radicaciones ionizantes de un alimento sólo puede ser autorizado si:

• Es una necesidad tecnológica
• Su empleo no implica ningún riesgo para la salud
• Supone un beneficio para los consumidores
• No es empleado como un sistema sustitutivo de adecuadas prácticas de higiene.
• Cualquier alimento irradiado, o que contenga componentes irradiados, ha de ser etiquetado como tal.
• Para que un alimento sea autorizado a ser irradiado y se incluya en la lista de productos autorizados es necesario que exista un dictamen favorable del Comité Científico de Alimentos (SCF) de la Comisión.

Desde 1986 hasta la actualidad el SCF ha expresado una opinión favorable para la irradiación de frutas, vegetales, cereales, patatas u otros tubérculos, condimentos, especias, pescado, marisco, carne fresca, pollo, queso camembert elaborado con leche fresca, ancas de rana, goma arábiga, caseína y caseinatos, clara de huevo, copos de cereales, harina de arroz y productos derivados de la sangre.

En la situación real tenemos que o bien no se está empleando o se trata de una información que no está incluida en las etiquetas. Si este segundo apunte es el real nos encontramos que la desinformación del consumidor es elevada y, en consecuencia, podríamos estar delante de otra crisis como la de las vacas locas ya que aplicarían prácticas aceptadas pero no controladas.

Ante esta situación cabe preguntarse: ¿Se están aplicando las dosis de radiación adecuadas? Y, si se aplica esta tecnología sólo a los alimentos, ¿no ha habido mermas de higiene?.

En resumen son varias preguntas que habría que responder para poder dar confianza al consumidor sobre este sistema y, en consecuencia, sobre la seguridad alimentaria. Si tenemos en cuenta que los alimentos sólo pueden ser irradiados en instalaciones aprobadas para ese fin por los gobiernos de los diferentes países miembros, el control sería relativamente fácil, siempre y cuando en la etapa previa a la irradiación se comprobase que los alimentos están correctamente etiquetados.

Bibliografía

NORMATIVA

• Directiva1999/2/EC. Esta directiva cubre los aspectos generales y técnicos para realizar el proceso, el etiquetado de los productos y las condiciones para autorizar la irradiación de los alimentos.
• Directiva 1999/3/EC. Normativa por la que se acepta la irradiación de los alimentos para las hierbas aromáticas secas, especias y algunos vegetales.
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21 jun 2011

Alimentos irradiados cuestión de confianza

Los alimentos irradiados no son una novedad. La cuestión ya viene de lejos, concretamente de la década de los 60, cuando "la conservación de alimentos por irradiación alcanzó el umbral de industrialización en varios países desarrollados", entre ellos España. En octubre de 1966 se dictó un Decreto (2725/1966) por el que se regulaba la conservación por irradiación de alimentos destinados al consumo humano.

Fuente: consumer (26 de mayo de 2010)
Por JUAN RAMÓN HIDALGO MOYA

Radiaciones ionizantes

En 1966 se creaba además la Comisión Asesora de Conservación de Alimentos por Irradiación. En 1983, y fruto de una modificación introducida en el capítulo de "Conservación de alimentos" del Código Alimentario Español, se incorpora como procedimiento de conservación permitido las radiaciones ionizantes. El método, sin embargo, debía garantizar la no alteración de las propiedades esenciales de los alimentos. Consistía en someter los alimentos a la acción de radiaciones, obtenidas por procedimientos autorizados, con el fin de inhibir la germinación de ciertos alimentos vegetales, combatir infestaciones por insectos y contribuir a la destrucción de la flora microbiana.

Los diferentes estudios científicos elaborados en 1980 por varios organismos internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), determinaron como segura una dosis máxima de 10 kGy (kiloGray) en cualquier producto alimenticio. El Comité científico de la alimentación humana emitió posteriormente (en 1986, 1992 y 1998) dictámenes favorables para la irradiación de diferentes productos alimenticios como frutas, hortalizas, cereales, tubérculos, amiláceos, especias y condimentos, pescado, marisco, carnes frescas, carnes de aves de corral, camembert de leche cruda, ancas de rana, goma arábiga, caseína y caseinatos, clara de huevo, copos de cereales, harina de arroz y productos derivados de la sangre.

La aplicación en España

El día 4 de abril de 2001 se aprobó en España la norma que regula la elaboración, comercialización e importación de productos alimenticios e ingredientes alimentarios tratados con radiaciones ionizantes. La nueva regulación está en vigor desde el pasado 6 de abril de 2001 e incorpora al derecho español las Directivas mencionadas (marco y de aplicación de 1999), si bien con un cierto retraso, pues las normas comunitarias establecían como fecha límite para su adaptación el 20 de septiembre de 2000. La finalidad de ambas Directivas respondía a una pretensión armonizadora de la Unión Europea para este tipo de tratamiento en los productos alimenticios que, en ningún caso, puede superar los límites requeridos de protección de la salud humana ni ser sustitutivo de las medidas higiénicas, sanitarias o de prácticas correctas de elaboración o cultivo.

La norma aprobada tiene por objeto establecer los principios generales para la elaboración, comercialización e importación de productos alimenticios e ingredientes alimentarios, tratados con radiaciones ionizantes, así como la instrumentación de su control. A tales efectos, se concretan en una lista (Anexo IV) los productos alimenticios que pueden tratarse con radiaciones ionizantes, estableciendo las fuentes de radiación y las dosis máximas autorizadas a las que pueden someterse. La norma comentada, en el momento de su aprobación, únicamente permite este tipo de tratamiento para las hierbas aromáticas secas, especias y condimentos vegetales, para los que se establece un valor máximo de la dosis total media de radiación absorbida de 10 KGy (kiloGray).

La lista no es cerrada ya que la norma prevé un procedimiento de solicitud para la inclusión de nuevos productos alimenticios para este tipo de tratamiento. La norma se limita a recoger la lista positiva comunitaria aprobada a escala europea por la Directiva de aplicación. La autorización de la irradiación de productos alimenticios sólo podrá otorgarse si está justificada y es necesaria desde el punto de vista tecnológico, no presenta riesgos para la salud, supone un beneficio para el consumidor y no se utiliza como sustituto de las medidas de higiene y sanitarias ni de procedimientos de fabricación o agrícolas correctos.

La irradiación de productos alimenticios únicamente se podrá utilizar para la reducción de los riesgos de enfermedades causadas por estos productos mediante la destrucción de los organismos patógenos, la reducción del deterioro de los productos alimenticios, frenando o deteniendo el proceso de descomposición y destruyendo los organismos responsables de dicho proceso, la reducción de la pérdida de productos alimenticios debida a procesos de maduración prematura, germinación o aparición de brotes y para la eliminación, en los productos alimenticios, de los organismos nocivos para las plantas y los productos vegetales.

Etiquetado: ante todo información

La norma ha optado por informar de forma amplia al consumidor o destinatario final sobre la procedencia de alimentos que han sido tratados con radiaciones ionizantes, estableciendo medidas específicas que deben aplicarse tanto a los productos destinados al consumidor final como a colectividades. En este último caso y, por lo que respecta a los productos envasados, la etiqueta deberá mencionar la expresión "irradiado" o "tratado con radiación ionizante". La utilización de productos irradiados como ingredientes de un producto alimenticio elaborado y envasado requiere que en la lista de ingredientes de la etiqueta se incluya la mención de referencia junto a la denominación del ingrediente, incluso si constituye menos del 25 % del producto final.

Para los productos que se venden a granel, la citada mención deberá figurar junto con la denominación del producto en un cartel o en un letrero colocado encima o al lado del recipiente que los contenga. Ello también es aplicable para el caso de que un producto final a granel incluya como ingrediente un producto irradiado. La norma ha pretendido ofrecer una información transparente y adecuada al consumidor en su elección de este tipo de productos. La información, siempre que se cumpla estrictamente con la norma aprobada, la recibirá únicamente el consumidor final que realiza directamente la compra, especialmente en lo que se refiere a los productos a granel. Los destinatarios finales pertenecientes a colectividades recibirán la información en los algunos casos por parte de quienes les suministran los productos.

En el caso de productos que no son destinados al consumidor final o a colectividades, la norma también establece requisitos específicos de etiquetado. La mención de "irradiado" o "tratado con radiación ionizante" deberá indicarse tanto en el caso de los productos como en el de los ingredientes incluidos en un producto no irradiado. También deberá mencionarse la identidad y la dirección postal de la instalación que haya practicado la irradiación o el número de referencia de la misma. El deber de información sobre el tratamiento aplicado se complementa con el deber de documentación: la mención de que se ha efectuado el tratamiento deberá figurar, en todos los casos, en los documentos que acompañen o se refieran a los productos alimenticios irradiados.

Las obligaciones comentadas, sin embargo, no serán de aplicación para productos alimenticios irradiados que se preparen para pacientes que deban recibir una alimentación esterilizada bajo control médico. Tampoco se aplicará en aquellos productos alimenticios irradiados con radiaciones ionizantes procedentes de aparatos de medición o de prueba, siempre que la dosis absorbida no rebase 0,01 Gy (en el caso de los aparatos de medición que utilicen neutrones), y de 0,5 Gy en los demás casos, y siempre que la energía de radiación máxima sea la establecida legalmente.

La lista de mínimos de los alimentos irradiados

La única lista de alimentos o ingredientes alimentarios autorizados para el tratamiento con radiación ionizante en la Comunidad Europea es la aprobada por la Directiva 1999/3/CE: "hierbas aromáticas secas, especias y condimentos vegetales". La ampliación de la lista ha destapado la complejidad del asunto a tenor del resultado de la consulta enviada por la Comisión a las organizaciones de consumidores y a los sectores industriales en septiembre de 2000 sobre qué productos alimenticios deberían autorizarse para el tratamiento por irradiación en la Comunidad Europea.

En este sentido, se ha adoptado una postura de cautela y el inicio de un amplio debate para la aprobación de la lista de productos alimenticios que pueden ser tratados por radiaciones ionizantes. Las organizaciones de consumidores fueron muy críticas, cuestionándose el beneficio y la necesidad de la irradiación, abogando por la aplicación correcta de las buenas prácticas de higiene o, en su caso, por la aplicación restringida. El sector encargado de la irradiación se pronunció claramente a favor de la autorización para todos los productos que hayan recibido un dictamen favorable por parte del Comité Científico de la Alimentación Humana.

Los principales argumentos se basan en que la comunidad científica considera la irradiación de alimentos como segura y que, además, contribuye a aumentar la protección del consumidor destruyendo organismos patógenos en los alimentos.

La industria alimentaria y, en particular, los productores y comerciantes de productos cárnicos, frutos secos y hortalizas secas, patatas, productos lácteos, copos de cereales y té, se mostraron en contra de incluir sus productos en la lista. Esta posición se fundamenta en el efecto negativo que ello tendría para sus productos, en la desconfianza actual del consumidor frente a estos métodos y en la necesidad de dar prioridad a los sistemas de análisis de peligros y puntos de control crítico.

Algunos Estados miembros, como Francia, Holanda, Bélgica, Italia o el Reino Unido, tienen autorizado irradiar toda una serie de alimentos o ingredientes alimentarios que van más allá de la categoría aprobada por la Directiva. Francia es el Estado miembro con más productos autorizados, entre los que se incluye cebolla, ajo, hortalizas secas y frutos secos, copos y gérmenes de cereales para productos lácteos, harina de arroz, goma arábiga, aves de corral, carne de pollo recuperada mecánicamente, menudillos de pollo, ancas de rana congeladas, clara de huevo, caseína y caseinatos, así como gambas congeladas, peladas o bien decapitadas, entre otros. En el Reino Unido están autorizados, entre otros, las hortalizas y legumbres, las frutas (incluidos los hongos, el tomate y el ruibarbo), las aves de corral (aves domésticas, gansos, patos, pintadas, palomas, codornices y pavos), y los pescados y mariscos (incluidos anguilas, crustáceos y moluscos).

Entre las opciones que se planteaban tras la consulta para redactar la propuesta de lista de alimentos e ingredientes alimentarios se mencionaba que los únicos productos para los que se había identificado una necesidad clara de inclusión eran las gambas peladas y las ancas de rana, y resultaba inevitable "cierta carga microbiana", dado que se importaban de países tropicales y subtropicales. Otra posición proponía incluir aquellos productos que son irradiados en algunos Estados miembros en cantidades importantes: hierbas aromáticas congeladas, frutos secos, copos y gérmenes de cereales, menudillos de pollo, clara de huevo, goma arábiga (aditivo), gambas peladas y ancas de rana. La última opción, en base a la polémica surgida, consideraba a la escueta lista aprobada en 1999 como completa.

La situación, por tanto, queda pendiente y el grado de confianza del consumidor va a resultar decisivo en la solución final. La base normativa se ha establecido y se han impuesto, para su cumplimiento, ciertas condiciones que deben cumplirse estrictamente para proteger la salud y la seguridad de los consumidores. De momento, la información es el mejor instrumento con el que cuenta el consumidor para ejercer y exigir su derecho a la seguridad alimentaria.

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19 jun 2011

Alimento Estrella “Sésamo"

Pocas semillas resultan tan ricas en minerales como las del sésamo, aliadas del corazón y el sistema nervioso. En la cocina constituyen un auténtico tesoro.

Fuente: www.cuerpomente.com (8 de mayo de 2011)
Por Santi Ávalos

El sésamo es una de las mejores fuentes vegetales de calcio, y no solo por su riqueza en este mineral (30 g aportan una tercera parte de la cantidad diaria recomendada o CDR). Además proporciona dosis notables de magnesio, fósforo, cobre, manganeso y también de hierro, sobre todo el sésamo negro. Contiene también algo de potasio, cinc, selenio, silicio y boro, y es rico en vitaminas importantes para el sistema nervioso y otras funciones vitales, en particular B1, B3, B6 y ácido fólico.

Grasas amigas del corazón

Las semillas de sésamo destacan por su alto contenido en lípidos, de los cuales el 80% son ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados, como el ácido oleico y el ácido linoleico u omega-6. Estas grasas disminuyen la concentración sanguínea de triglicéridos y la reducción de la presión arterial. Constituyen asimismo una gran fuente de lecitina, una grasa fosforada que desempeña funciones vitales en el organismo; además forma parte del tejido nervioso, del semen y de la bilis, e interviene en el buen funcionamiento de las glándulas sexuales.

La lecitina es también un poderoso emulsionante que facilita la disolución de las grasas en un medio acuoso. Esta propiedad resulta también beneficiosa para la salud, pues al emulsionar el colesterol facilita su eliminación y evita que se deposite en las paredes arteriales.

Muy nutritivo

En cuanto a su contenido en proteínas (20%), el sésamo proporciona 15 aminoácidos distintos, entre los que destaca uno esencial llamado metionina.
Por último, hay que destacar que la fibra del sésamo resulta ligeramente laxante y que sus mucílagos contribuyen a proteger la flora intestinal.

La combinación de todos estos nutrientes confieren al sésamo un gran poder remineralizante, energético y reconstituyente, útil tanto para el sistema muscular como el nervioso. Se considera un buen alcalinizante de la sangre y protege el sistema circulatorio de los efectos del estrés y la falta de actividad física.

Incluido en la dieta de las personas mayores puede atenuar la osteoporosis, la debilidad ósea o la pérdida de cabello, mientras que los jóvenes lo pueden tomar como ayuda en los estudios y en las actividades deportivas.

El sésamo es recomendable si se sufren problemas nerviosos o emocionales como estrés, agotamiento, pérdida de memoria o desánimo, y se aconseja tanto a mujeres embarazadas como a personas convalecientes para evitar carencias de nutrientes importantes y por su efecto regenerador de los tejidos.

La presencia de fitoestrógenos y ácidos grasos puede explicar que en recetarios tradicionales antiguos se indicase para mejorar trastornos menstruales.

La medicina ayurvédica emplea el sésamo como aceite de masaje. En uso externo es idóneo para revitalizar la piel, tratar las grietas en las manos o aliviar los pies fríos.

Unas semillas exquisitas

Su sabor anuezado resulta apropiado tanto para platos salados como para repostería dulce, y al encontrarse varias presentaciones –como el aceite, el tahini o los germinados– ofrece diferentes texturas y usos que dan mucho juego en la cocina. Además, espolvorear unas semillas sobre una ensalada, unas crepes o unas magdalenas, les da siempre un toque más vistoso y apetecible.

Antes de utilizar las semillas, es aconsejable tostarlas un poco, pues resultan más digestivas. Sin embargo, si se van a utilizar para decorar un pastel o un relleno de verduras al horno o al gratén, es preferible emplearlas crudas para evitar que se tuesten demasiado y se resequen.

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18 jun 2011

Los grandes niveles de polución son asimilados por nuestro cuerpo a través de la alimentación

El mercurio en los grandes pescados y productos químicos como los plaguicidas se introducen en algún momento en la cadena alimentaria. A pesar que desde 2004 está en vigor el convenio de Estocolmo para evitar los Contaminantes Orgánicos Persistentes en nuestra dieta, la alimentación es uno de los mayores causantes de contaminación en nuestro cuerpo. La gente dice ‘qué bien vivimos, cuánto bienestar’, pero nadie piensa en el aumento de la infertilidad, del asma infantil, del alzheimer, del cáncer, diabetes... esto se debe al modelo de desarrollo del que disfrutamos.

Fuente: www.ecoportal.net Periodico Diagonal (04/05/11)
Por Héctor Rojo Letón

Riesgos invisibles en la comida

El ‘efecto cóctel’, es decir, la existencia de varios contaminantes, aunque con niveles permitidos, en cada alimento, es la mayor preocupación de los especialistas.

“Generalmente, la producción de verduras de hoja verde así como productos animales como leche y huevos son de mayor preocupación sobre una posible contaminación”, indicaba la Organización Mundial de la Salud a principios de abril, después de que la propietaria de Fukushima vertiera miles de litros de agua contaminada al mar. Estas recomendaciones sirven realmente para cualquier contaminante que esté presente en la cadena alimentaria.

La contaminación por plutonio no sólo llega a través de las fugas y accidentes de centrales. Según la Agencia para las Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades (ATSDR, por sus siglas en inglés) de EE UU, las pruebas de armas nucleares son “la fuente de la mayor parte de plutonio en el ambiente”. En el Estado español, la mayor fuga de plutonio fue la desatada por las bombas de Palomares (Almería), de la que todavía quedan restos en los alrededores. Un estudio de la Universidad de Sevilla confirmó en 2010 la presencia de este metal en sedimentos marinos del Mediterráneo. “Nadie ha estudiado todavía si ha penetrado en la cadena alimentaria”, explica Eduard Rodríguez Farré, investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (CSIC-IDIBAPS). Estas radiaciones pueden causar daños en el ADN de las células. Si las lesiones no son demasiado importantes, ese ADN se regenerará correctamente. Pero una reparación defectuosa puede facilitar la aparición de un cáncer con posterioridad.

La contaminación diaria

Más allá de los escapes radioactivos, el Estado español no se muestra muy transparente en cuanto a la contaminación que llega a nuestros platos desde el mar. En marzo, la fundación Oceana denunció que el Gobierno lleva cuatro años ocultando datos sobre los niveles de mercurio presentes en ciertas especies marinas. “Desde hace años, se intenta que se incluya al metilmercurio en la lista de Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP), pero hay muchos intereses para evitarlo”, explica Farré.

Los COP son –según resume el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud de CC OO– sustancias químicas que tienen una elevada permanencia en el medioambiente al ser resistentes a la degradación; son bioacumulables, se incorporan en los tejidos de los seres vivos y pueden aumentar su concentración a través de la cadena alimentaria, son altamente tóxicos, y provocan graves efectos sobre la salud humana y el medioambiente; y tienen potencial para trasportarse a larga distancia.

“La gente dice ‘qué bien vivimos, cuánto bienestar’, pero nadie piensa en el aumento de la infertilidad, del asma infantil, del alzheimer, del cáncer, diabetes... esto se debe al puñetero modelo de desarrollo del que hemos disfrutado. Esto no sale gratis”, denunciaba en marzo Miquel Porta, catedrático de salud pública del Instituto Municipal de Investigación Médica y la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona) en El Escarabajo Verde de La2. Más allá de una postura alarmista, Porta (coautor de Nuestra contaminación interna. Concentraciones de Compuestos Tóxicos Persistentes (CTP) en la población española) reclama una sociedad que esté pendiente de lo que come.

“Es muy importante consumir productos frescos y a poder ser ecológicos, no repetir todos los días los mismos alimentos y dedicar un tiempo tranquilo a las comidas. En estos momentos en los que la sensibilidad a los alimentos crece sin parar, es importante observar si algún alimento nos da reacción. La reacción puede ser flatulencia, malestar, contracción del esófago o estómago, espasmos intestinales, somnolencia y también bajada de ánimo u otros”, explica a DIAGONAL Pilar Muñoz-Calero, doctora y presidenta de la Fundación Alborada.

La doctora Muñoz-Calero explica los patrones de las nuevas enfermedades: “Son multisistémicas (pueden afectar a cualquier órgano o sistema aunque la causa sea la misma), son crónicas, pues el organismo que es incapaz de eliminarlos o asimilarlos los acumula en un intento de adaptación hasta que se satura la capacidad de acumular más sin exponerse a un riesgo más grave de que afecte a órganos o sistemas vitales. El intento de adaptación a los tóxicos agota a otros recursos y otras formas de compensación del organismo”.

“Muchos doctores recomiendan una dieta sana asumiendo que el paciente sabe cuál debe ser ésta. En general se manda una dieta que evite sal, azúcar o grasas saturadas sobre todo, eso está bien pero es insuficiente. La primera regla debería ser evitar aditivos, conservantes y colorantes que hacen daño a las personas sensibles y también a las que no lo son tanto”, amplía Muñoz-Calero.

Según el último informe de la Autoridad Europea de la Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés), casi el 50% de las frutas y verduras convencionales en el mercado europeo contienen restos de uno o de varios plaguicidas. “Peor aún” –mantiene Claude Aubert en el libro Otra alimentación es posible– “se constata que la proporción de alimentos que contienen más de dos residuos está en aumento constante desde hace varios años. La explicación es sencilla: para evitar rebasar el límite máximo de residuos”, se utilizan varios plaguicidas a niveles permitidos. Esto se denomina “efecto cóctel” y “no hay ninguna normativa que regule esta suma, ni se conocen muy bien sus consecuencias”, reconoce Farré.

El convenio de Estocolmo, que está en vigor desde 2004, es el instrumento legal más importante a nivel global, ya que exige la eliminación total del planeta de plaguicidas que presentan características de COP. De hecho, estableció la prohibición de la fabricación y el uso de nueve conjuntos de plaguicidas clorados y procedimientos para la identificación de nuevos COP que se pueden agregar a la lista inicial que establece el Convenio. En 2010, se añadieron otros nueve más.

Donde más se acumulan estos contaminantes “es en las grasas: leche, mantequilla, carne, etc. El principal problema está cuando se han utilizado grasas en los piensos de animales y luego pasa a nosotros”, mantiene Farré.

La postura oficial de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) es asegurar que todos los alimentos del mercado cumplen la legislación y su consumo es seguro. Aunque este periódico ha intentado ponerse en contacto con la AESAN, ningún responsable ha contestado a nuestras preguntas. Más allá de lo que se utilice como plaguicidas, los COP también pueden llegar de una forma indirecta. Por ejemplo, “se utilizan muchos plaguicidas para limpiar parques o cunetas de carreteras. Esto afecta sobre todo al ganado, que come productos contaminados. Si utilizas un organismo peligroso hay unos plazos de espera en los que no debes ingerir ese alimento. Lo ideal sería que no se utilizaran, pero si se utilizan que sigan los protocolos”, denuncia a Diagonal María Andrés, de Ecologistas en Acción.

Rastros durante años

El DDT fue prohibido a nivel internacional en 1969. En España se ejecutó su prohibición en 1986. Sin embargo, hasta la decáda del 2000 se ha utilizado para producir otros plaguicidas tanto en Aragón como en Catalunya, explica Nicolás Olea, catedrático de Medicina Interna de la Universidad de Granada. En esta ciudad se presentó un informe en 2009, que indica que el DDT sigue presente en el 96% de las placentas de mujeres que dan a luz en la localidad andaluza. Sus principales consecuencias son malformaciones urogenitales en los bebés y menor peso en su nacimiento.

Los COP persisten durante años, por ejemplo, “debajo del aeropuerto de Bilbao hay un vertedero de lindano. También hay otro en Sabiñanigo (Huesca)”, denuncia Farré, quien afirma que cuando se pregunta por su peligrosidad todos sus responsables lo niegan. Según un estudio de 2009 de la Universidad Pierre y Marie Curie, la exposición al lindano y al DDT duplican el riesgo de contraer Parkinson en agricultores.

El descontrol de estos componentes no es algo del pasado. Según Farré, “el queso de mozzarella del sur de Italia es uno de los alimentos más contaminados, porque en Napoles la mafia lleva años quemando residuos ilegalmente”. Mucho más conocido se han hecho las dioxinas, que a inicios de 2011 obligaron a cerrar en Alemania 4.700 granjas, ya que usaban piensos contaminados.

Embarazadas y neonatos

La mayoría de los contaminantes incrementa sus riesgos tanto en las mujeres embarazadas, como en los recién nacidos. Por ejemplo, la Agencia de Protección del Medio Ambiente de EE UU (EPA, por sus siglas en inglés) lanza desde su web unas recomendaciones específicas para mujeres en edad fértil y niños, instándoles a no comer carne de tiburón, pez espada o caballa, por ser peces que contienen altas cantidades en mercurio. Además, limita a 340 gramos semanales la ingesta de pescados y mariscos como gambas, atún enlatado claro, salmón, gado y pez gato; reduciendo a 170 gramos la ingesta de atún blanco (albacora), que tiene más mercurio que el enlatado.

En España, el 64% de los bebés que nacen tienen niveles demasiado altos de mercurio, según un estudio de 2011 de la Universidad de Valencia.

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12 jun 2011

El hígado de los peces contiene compuestos beneficiosos para la salud


Fuente: consumer (29 de abril de 2011)

Los hígados de los peces contienen compuestos que benefician la salud, pese a que, con frecuencia, apenas se utilizan salvo excepciones como el del bacalao, que se emplea para elaborar el denominado aceite medicinal. En general, se desechan las vísceras o se descartan en las factorías, pero un nuevo estudio llevado a cabo por científicos de la Universidad de Almería confirma la validez de estos productos. El estudio se ha publicado en el "Journal of Food Composition and Analysis".

"Los hígados de peces comestibles constituyen una fuente rica de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (LCPUFA), especialmente los de la familia del omega 3, como el eicosapentaenoico (EPA) y el docosahexaenoico (DHA)", explica José Luis Guil-Guerrero, investigador principal del trabajo. Estos ácidos grasos se utilizan para prevenir y tratar diversas dolencias, como algunos tipos de cáncer, la depresión, el alzheimer, la esquizofrenia, desórdenes de conducta y enfermedades cardiovasculares.

El estudio se ha centrado en 12 especies de peces de consumo común en el sureste de España, como merluza, marrajo, sardina o aligote. Los hígados del pez araña (Trachinus draco) y del boquerón o anchoa europea (Engraulis encrasicolus) destacan por los contenidos más altos de LCPUFA (51,4% y 47,9% sobre el total de ácidos grasos, respectivamente). Además, todas las especies muestran una relación de ácidos omega-3/omega-6 "ventajosa para el consumo humano", en especial, en el caso del hígado de bacaladilla (Micromesistiu poutasou).

"Desgraciadamente, cuando se descartan estos hígados se desprecian todas sus propiedades nutricionales", lamenta Guil-Guerrero. Si se aprovecharan, en su opinión, se reduciría la contaminación ambiental que supone el vertido de vísceras a las aguas, "un problema inherente a la industria de transformación de productos pesqueros en zonas costeras".

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