Matar microbios es hoy una obsesión para mucha gente. Dos compuestos antimicrobianos llamados triclosán y triclocarbán son en los últimos tiempos las armas más habituales que usamos en nuestra guerra de desgaste contra el bando microbiano. Ambas sustancias químicas son ingredientes de una amplia gama de productos de limpieza como por ejemplo jabones bactericidas, y el triclosán también está presente en enseres cotidianos que van desde plásticos hasta prendas de vestir. El tema del que tratamos en este artículo es delicado, como cabe esperar de toda confrontación, real o aparente, entre riesgos para la salud e intereses comerciales.
Fuente: .amazings.com (25-12-2010)
Sobre el tapete, dos preguntas incómodas: ¿Son estas sustancias antimicrobianas, muy usadas por mucha gente, realmente seguras para la salud humana y para el medio ambiente? Y, una pregunta mucho más simple: ¿De verdad cumplen su función bactericida tan bien como se anuncia? Según el profesor Rolf Halden, del Instituto de Biodiseño de la Universidad Estatal de Arizona, la respuesta a ambas preguntas es un rotundo No"
Halden, biólogo e ingeniero, está interesado en los productos.químicos destinados al uso doméstico. Él procura rastrear la dispersión de estas sustancias por el entorno y averiguar su efecto en el medio ambiente, el efecto que tienen en nosotros, y la mejor forma de utilizarlas.
El triclosán, un conocido agente antimicrobiano, fue patentado en 1964, y se comenzó a usar en entornos clínicos, donde demostró ser un potente bactericida, muy útil antes de llevar a cabo operaciones quirúrgicas. Desde entonces, se ha instaurado la idea entre los consumidores de que es necesario usar también en el hogar agentes antimicrobianos. Los productos antimicrobianos hicieron su aparición en los jabones domésticos para las manos en la década de 1980. Y en 2001, el 76 por ciento de los jabones líquidos para manos en países como Estados Unidos ya contenía esa clase de productos químicos.
Los compuestos antimicrobianos han puesto en pie un sector industrial que mueve cifras de miles de millones de dólares, y estas sustancias químicas ya tienen una notable presencia en el medio ambiente y en los cuerpos de muchas personas. Los niveles de triclosán en los seres humanos han aumentado en un promedio del 50 por ciento desde 2004, según datos recientemente actualizados de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), en Estados Unidos. El triclosán y el triclocarbán están presentes en el 60 por ciento de todos los ríos y arroyos de dicho país, y el análisis de los sedimentos en los lagos ha demostrado un aumento constante de triclosán desde los años 60. Hay productos químicos antimicrobianos en el polvo doméstico, en el que pueden actuar como alérgenos. Y, alarmantemente, un 97 por ciento de todas las mujeres lactantes en EE.UU. muestran niveles detectables de triclosán en su leche materna. Tales exposiciones innecesarias a productos antimicrobianos conllevan riesgos que, por ahora, no están bien definido.
Halden y su equipo realizaron una serie de experimentos encaminados a seguir el itinerario medioambiental de los ingredientes activos en los productos de higiene personal. Los inquietantes resultados de su investigación indican que el triclosán y el triclocarbán se aposentan primero en el lodo de las aguas residuales y son luego transferidos a los suelos y a masas naturales de agua, donde se ha observado que persisten durante meses o incluso años.
La química subyacente en estos compuestos los hace muy difíciles de descomponer. Además, son hidrófobos y tienden a pegarse a partículas, lo que disminuye su susceptibilidad a los procesos de degradación y facilita el transporte a largas distancias en el agua y el aire. Un estudio reciente demostró la acumulación de triclosán en los delfines por culpa de las aguas costeras contaminadas.
Anteriormente, la Agencia de Protección Medioambiental estadounidense (EPA) se había nutrido de estudios, financiados por el sector industrial, sobre el grado de eficacia de las plantas de tratamiento de aguas residuales, cuyos resultados hacían creer que esos procesos de depuración eliminaban el triclosán y el triclocarbán. Pero Halden sospechó que estos compuestos químicos podrían persistir en el subproducto sólido que queda después de dichos tratamientos: El lodo de esas aguas residuales. Las sospechas del grupo fueron confirmadas a través de análisis realizados en una gran planta de depuración de aguas residuales que presta su servicio a 1,3 millones de personas.
En el primer estudio de este tipo, realizado por el equipo en 2006, se determinó que tres cuartas partes de la masa de triclocarbán que entraba en las instalaciones para el tratamiento de aguas residuales simplemente se trasladaba del agua al lodo. Análisis similares confirmaron la acumulación de triclosán en el lodo con una eficiencia del 50 por ciento.
"Generamos seis mil millones de kilogramos de lodo seco al año", señala Halden. "Eso es igual a un tren lleno de lodo que se extendiera a lo largo de 1.200 kilómetros, desde Phoenix hasta San Francisco." La mitad de este lodo va a parar a los campos agrícolas. Las probabilidades de que estos productos químicos migren a los alimentos o se filtren hacia las aguas subterráneas, no han sido suficientemente evaluadas. Es probable que los agentes antimicrobianos sean capaces de moverse hacia arriba en la cadena alimentaria, a través de un proceso conocido como biomagnificación.
Al triclosán y al triclocarbán se los ha relacionado con problemas endocrinos, así como con posibles efectos adversos sobre el desarrollo sexual y neurológico. Además, la acumulación de estos compuestos antimicrobianos en el medio ambiente ejerce una presión selectiva evolutiva sobre los microorganismos expuestos a ellos, con lo que aumenta la probabilidad de que surja un supermicrobio, resistente a los agentes antimicrobianos, algo que podría tener consecuencias muy graves para la salud humana¡as.
En análisis recientes efectuados por el grupo de Halden, se midieron los niveles de triclosán y triclocarbán, para determinar hasta qué punto estos productos químicos, junto con otros agentes antimicrobianos, se concentran en el lodo, y qué les sucede a partir de entonces. Se descubrió que el triclosán y el triclocarbán constituyen dos tercios de la masa de todos los agentes antimicrobianos presentes en el lodo. Además, se ha observado una bioacumulación masiva de productos químicos antimicrobianos en varias especies.Halden advierte que estos compuestos químicos persistentes pueden tener un impacto sobre otras formas de vida en el medio ambiente que no son el objetivo contra el cual fueron fabricados. Los umbrales para matar a los microbios son mucho más altos que los umbrales para matar a otras formas más frágiles de vida, como algas, crustáceos y peces.
Esto explica, según Halden, por qué las concentraciones residuales de agentes antimicrobianos halladas en ambientes acuáticos son lo bastante perjudiciales como para acabar con numerosos crustáceos, que son fundamentales para el ciclo de vida acuática y la red alimentaria.
Es evidente que los productos químicos como el triclosán y el triclocarbán son útiles parra la salud pública, sobre todo en el ámbito clínico y manejados por personas que han sido entrenadas para usarlos apropiadamente. Pero su utilización doméstica e ilimitada plantea dudas. En 2005, la Administración estadounidense de Alimentos y Medicamentos (FDA) creó un panel de expertos para revisar toda la información disponible sobre estos productos químicos. Halden fue uno de los miembros votantes de esta comisión, que concluyó que el uso habitual de productos antimicrobianos por el público en general no era más eficaz, a efectos prácticos, que los métodos tradicionales de higiene como por ejemplo el de lavarse a fondo con jabón normal y agua.
La sociedad, insiste Halden, está participando en un gran experimento en el que todos somos conejillos de indias. Si bien se necesita con urgencia una reglamentación eficaz de estos productos químicos, Halden dice que la inercia de las agencias reguladoras es un formidable obstáculo. Mientras tanto, la mayor esperanza está puesta en que los consumidores domésticos eviten usar productos que contengan triclosán y triclocarbán, según él aconseja.
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26 feb 2011
24 feb 2011
Las propiedades beneficiosas del vino para la salud
El sector vitivinícola es, en España, de gran importancia no sólo por la superficie que ocupan sus cultivos, sino también por el valor económico que genera e incluso por el papel que desempeña en cuanto a conservación medioambiental. Sin embargo hay que hablar de otro valor más importante, si cabe: sus beneficios para la salud.Fuente: elmercadoecologico.com
Fuente: elmercadoecologico.com
Por Laura Chacón Colaboradora
El vino, una de las bebidas alcohólicas más antiguas del planeta, es protagonista de uno de los sectores agrarios más relevantes de nuestro país. Con 1,16 millones de hectáreas dedicadas al cultivo de la uva, de las cuales el 97,4% se dedica a la vinificación, España se sitúa como el país con mayor extensión de viñedos del mundo.
Pero sin duda, uno de los temas más tratados durante los últimos años a este respecto es el de sus cualidades beneficiosas –sobre todo del vino tinto-, que puede aportarnos, siempre, claro está, que se consuma con moderación.
Entre sus componentes existen unas sustancias que se caracterizan por sus propiedades antioxidantes. Se trata de los polifenoles, que encontramos en las uvas y que cumplen una función protectora frente a ciertas enfermedades.
• Por ello, la investigación actual sugiere tomar una copa
• Según estudios realizados en Francia, Reino Unido, Finlandia y Dinamarca el consumo moderado de vino es mejor para la salud que el de cualquier otra bebida alcohólica. Además, sugieren que su consumo reduce el riesgo de mortalidad.
• El vino tinto, además, puede disminuir los efectos nocivos del tabaco sobre los vasos sanguíneos por su cualidad relajante o vasodilatadora. de vino al día, algo que puede proporcionar beneficios como los siguientes:
• Uno de sus efectos más conocidos es el de la prevención contra las enfermedades cardiacas coronarias, según científicos, por la reducción de la producción de lipoproteínas de baja densidad (LDL) e impulsión de lipoproteína de alta densidad (HDL).
• Asimismo, el vino tinto previene de la aparición y desarrollo de la arterioesclerosis, ya que tanto el alcohol como los polifenoles del vino ayudan a mantener saludables los vasos sanguíneos.
• Además, el consumo moderado de vino se ha relacionado también con un menor riesgo ante el surgimiento de la enfermedad de Alzheimer, según varias investigaciones, gracias a un polifenol del vino tinto que tiene efectos neuroprotectores.
En los últimos tiempos se ha desarrollado la tendencia no sólo de tomar vino como medida saludable, sino también de que éste sea ecológico. El abono en estos cultivos es orgánico natural y la conservación del vino se realiza sin tratamientos y sin el antiséptico y antioxidante SO2, de efectos negativos para la salud.
Todo ello justifica que consumir vino, siempre con moderación, nos proporcionará mejor salud y calidad de vida.
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Fuente: elmercadoecologico.com
Por Laura Chacón Colaboradora
El vino, una de las bebidas alcohólicas más antiguas del planeta, es protagonista de uno de los sectores agrarios más relevantes de nuestro país. Con 1,16 millones de hectáreas dedicadas al cultivo de la uva, de las cuales el 97,4% se dedica a la vinificación, España se sitúa como el país con mayor extensión de viñedos del mundo.
Pero sin duda, uno de los temas más tratados durante los últimos años a este respecto es el de sus cualidades beneficiosas –sobre todo del vino tinto-, que puede aportarnos, siempre, claro está, que se consuma con moderación.
Entre sus componentes existen unas sustancias que se caracterizan por sus propiedades antioxidantes. Se trata de los polifenoles, que encontramos en las uvas y que cumplen una función protectora frente a ciertas enfermedades.
• Por ello, la investigación actual sugiere tomar una copa
• Según estudios realizados en Francia, Reino Unido, Finlandia y Dinamarca el consumo moderado de vino es mejor para la salud que el de cualquier otra bebida alcohólica. Además, sugieren que su consumo reduce el riesgo de mortalidad.
• El vino tinto, además, puede disminuir los efectos nocivos del tabaco sobre los vasos sanguíneos por su cualidad relajante o vasodilatadora. de vino al día, algo que puede proporcionar beneficios como los siguientes:
• Uno de sus efectos más conocidos es el de la prevención contra las enfermedades cardiacas coronarias, según científicos, por la reducción de la producción de lipoproteínas de baja densidad (LDL) e impulsión de lipoproteína de alta densidad (HDL).
• Asimismo, el vino tinto previene de la aparición y desarrollo de la arterioesclerosis, ya que tanto el alcohol como los polifenoles del vino ayudan a mantener saludables los vasos sanguíneos.
• Además, el consumo moderado de vino se ha relacionado también con un menor riesgo ante el surgimiento de la enfermedad de Alzheimer, según varias investigaciones, gracias a un polifenol del vino tinto que tiene efectos neuroprotectores.
En los últimos tiempos se ha desarrollado la tendencia no sólo de tomar vino como medida saludable, sino también de que éste sea ecológico. El abono en estos cultivos es orgánico natural y la conservación del vino se realiza sin tratamientos y sin el antiséptico y antioxidante SO2, de efectos negativos para la salud.
Todo ello justifica que consumir vino, siempre con moderación, nos proporcionará mejor salud y calidad de vida.
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18 feb 2011
Cambio climático cómo influye en la calidad de los alimentos
El cambio climático es un hecho admitido por casi toda la comunidad científica y son pocas las voces que ponen en duda esta afirmación. Casi todas las noticias que hacen referencia a este cambio y su relación con la alimentación se centran en el estrecho vínculo que relaciona el clima con la producción de alimentos, sobre todo agricultura y ganadería. Estas informaciones resaltan cómo repercute de forma negativa en la producción alimentaria y crea sequías e inundaciones y pérdidas de cosechas, con la consecuente destrucción de la forma tradicional de producción primaria en muchas zonas que, en definitiva, comprometen el acceso a los alimentos a gran parte de la población, en especial, en países en desarrollo. Pero son pocos los estudios que han evaluado cómo repercute este cambio climático en la seguridad de los alimentos, entendida como la buena calidad e inocuidad.
Fuente: ECOTICIAS.COM (09/12/2010)
Uno de los trabajos realizados en este campo pertenece al ámbito del Reino Unido, aunque los resultados y conclusiones son extrapolables a los demás países de Europa. El trabajo pretende, además de identificar el impacto que el cambio climático puede tener sobre la seguridad alimentaria e informar sobre ello, evaluar posibles maneras de adaptación a estas nuevas circunstancias con el fin de minimizar los riesgos. El cambio climático puede provocar incrementos en la contaminación, tanto química como microbiológica de los alimentos, debido a las variaciones en los patrones de producción agrícola, la intensificación de la agricultura y las alteraciones en las vías de transporte.
Mitigar riesgos alimentarios
A menudo, los alimentos proceden de zonas ajenas a los límites de la Unión Europea, donde el impacto del cambio climático es más relevante. Sin embargo, estos países deben ser capaces de producir alimentos dentro de las normas de seguridad alimentaria europea y éstas deben exigirse por los importadores. Esto pone de relieve la importancia de herramientas como el sistema APPCC (Análisis de Peligros y Puntos de Control Crítico) para identificar en etapas tempranas riesgos dentro de la cadena alimentaria, que pueden ocurrir por el cambio climático. Estas zonas podrían localizarse por el desarrollo de un claro proceso de intensificación agrícola, inundaciones cíclicas o nuevas incorporaciones a la producción de alimentos.
Resulta imprescindible desarrollar técnicas de evaluación del riesgo para poder identificar áreas de focalización de peligros alimentarios, así como posibles técnicas de mitigación de los mismos. Algunas de las conclusiones del estudio británico se derivan del hecho de que el aumento progresivo de las temperaturas podría provocar un incremento en el número de microorganismos patógenos y de micotoxinas en toda la cadena alimentaria, desde la producción hasta el consumo. Tanto el procesamiento como el transporte y almacenamiento de los alimentos pueden incrementar los riesgos, pero hay poca información sobre cómo estos se alteran con el cambio climático. Por otra parte, este aumento de temperaturas puede provocar que microorganismos y enfermedades de origen alimentario propias de otras latitudes más cálidas se desarrollen en nuestro entorno.
Otro punto destacable es que las cada vez más frecuentes, largas y severas épocas de sequía, consecuencia del calentamiento global, provocarán una mayor necesidad de agua de riego que hará que el riesgo de microorganismos patógenos sea más elevado. Por otro lado, las previsibles inundaciones son uno de los mecanismos para el transporte de agentes patógenos y sustancias químicas en suelo agrícola que puede aumentar.
Patógenos y vigilancia epidemiológica
Los patógenos más beneficiados por el cambio climático y que más preocupan son los de dosis infectivas bajas, como protozoos parásitos o bacterias como Shigella, y los de mayor persistencia ambiental, como los virus gastrointestinales. También favorece el crecimiento de patógenos con gran tolerancia térmica y condiciones extremas de pH, mientras otros, como Salmonella y E. coli enterohemorrágica, aumentan su competitividad. Además, se prevé una probable alteración del uso de plaguicidas y medicamentos veterinarios. La mayor utilización de medicamentos veterinarios puede aumentar la prevalencia de patógenos resistentes a los antibióticos.
Por último, el estudio pone de relieve la importancia de los equipos de vigilancia epidemiológica, cuya labor será cada vez más importante. Además, es fundamental desarrollar métodos de detección rápida de patógenos y productos químicos en los alimentos y en los seres humanos y para comunicar con rapidez a los organismos reguladores para que estos realicen, en poco tiempo, las oportunas recomendaciones y acciones.
Algunos agentes patógenos se transfieren de los animales a los seres humanos, por lo que el seguimiento de la salud animal puede permitir detectar las amenazas antes de que la infección humana se produzca. Ya que es un problema global, resulta lógico pensar que los países deberían adoptar todas las acciones y medidas posibles.
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Fuente: ECOTICIAS.COM (09/12/2010)
Uno de los trabajos realizados en este campo pertenece al ámbito del Reino Unido, aunque los resultados y conclusiones son extrapolables a los demás países de Europa. El trabajo pretende, además de identificar el impacto que el cambio climático puede tener sobre la seguridad alimentaria e informar sobre ello, evaluar posibles maneras de adaptación a estas nuevas circunstancias con el fin de minimizar los riesgos. El cambio climático puede provocar incrementos en la contaminación, tanto química como microbiológica de los alimentos, debido a las variaciones en los patrones de producción agrícola, la intensificación de la agricultura y las alteraciones en las vías de transporte.
Mitigar riesgos alimentarios
A menudo, los alimentos proceden de zonas ajenas a los límites de la Unión Europea, donde el impacto del cambio climático es más relevante. Sin embargo, estos países deben ser capaces de producir alimentos dentro de las normas de seguridad alimentaria europea y éstas deben exigirse por los importadores. Esto pone de relieve la importancia de herramientas como el sistema APPCC (Análisis de Peligros y Puntos de Control Crítico) para identificar en etapas tempranas riesgos dentro de la cadena alimentaria, que pueden ocurrir por el cambio climático. Estas zonas podrían localizarse por el desarrollo de un claro proceso de intensificación agrícola, inundaciones cíclicas o nuevas incorporaciones a la producción de alimentos.
Resulta imprescindible desarrollar técnicas de evaluación del riesgo para poder identificar áreas de focalización de peligros alimentarios, así como posibles técnicas de mitigación de los mismos. Algunas de las conclusiones del estudio británico se derivan del hecho de que el aumento progresivo de las temperaturas podría provocar un incremento en el número de microorganismos patógenos y de micotoxinas en toda la cadena alimentaria, desde la producción hasta el consumo. Tanto el procesamiento como el transporte y almacenamiento de los alimentos pueden incrementar los riesgos, pero hay poca información sobre cómo estos se alteran con el cambio climático. Por otra parte, este aumento de temperaturas puede provocar que microorganismos y enfermedades de origen alimentario propias de otras latitudes más cálidas se desarrollen en nuestro entorno.
Otro punto destacable es que las cada vez más frecuentes, largas y severas épocas de sequía, consecuencia del calentamiento global, provocarán una mayor necesidad de agua de riego que hará que el riesgo de microorganismos patógenos sea más elevado. Por otro lado, las previsibles inundaciones son uno de los mecanismos para el transporte de agentes patógenos y sustancias químicas en suelo agrícola que puede aumentar.
Patógenos y vigilancia epidemiológica
Los patógenos más beneficiados por el cambio climático y que más preocupan son los de dosis infectivas bajas, como protozoos parásitos o bacterias como Shigella, y los de mayor persistencia ambiental, como los virus gastrointestinales. También favorece el crecimiento de patógenos con gran tolerancia térmica y condiciones extremas de pH, mientras otros, como Salmonella y E. coli enterohemorrágica, aumentan su competitividad. Además, se prevé una probable alteración del uso de plaguicidas y medicamentos veterinarios. La mayor utilización de medicamentos veterinarios puede aumentar la prevalencia de patógenos resistentes a los antibióticos.
Por último, el estudio pone de relieve la importancia de los equipos de vigilancia epidemiológica, cuya labor será cada vez más importante. Además, es fundamental desarrollar métodos de detección rápida de patógenos y productos químicos en los alimentos y en los seres humanos y para comunicar con rapidez a los organismos reguladores para que estos realicen, en poco tiempo, las oportunas recomendaciones y acciones.
Algunos agentes patógenos se transfieren de los animales a los seres humanos, por lo que el seguimiento de la salud animal puede permitir detectar las amenazas antes de que la infección humana se produzca. Ya que es un problema global, resulta lógico pensar que los países deberían adoptar todas las acciones y medidas posibles.
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17 feb 2011
Averías en el congelador cómo evitar que los alimentos se estropeen
Un corte de luz o la puerta entreabierta ponen en riesgo la seguridad de los alimentos que se almacenan en el congelador
La mayoría de congeladores dejan de funcionar en algún momento, ya sea por un corte de luz, porque el aparato se avería o porque se deja la puerta entreabierta. Cualquiera que sea el motivo, trae consigo un riesgo de deterioro de los alimentos que se almacenan en él. El grado de riesgo varía en función de aspectos como el volumen de productos guardados, el tiempo de avería y la capacidad del congelador. Las medidas preventivas se deben centrar en calcular la inocuidad de los productos y desechar artículos que puedan suponer un riesgo para la salud, debido a la presencia de bacterias patógenas.
Fuente: consumer (1 de diciembre de 2010)
Por MARTA CHAVARRÍAS
Las bacterias en grandes cantidades en los alimentos pueden ser causa de intoxicaciones. A temperaturas bajo cero, la mayoría que causa enfermedades puede sobrevivir, pero no crece. A temperaturas de congelación (unos -18ºC), los alimentos se mantienen durante largos periodos de tiempo. Cuando se interrumpen estas condiciones, aumenta el riesgo de contaminación de los productos.
El grado de afectación depende de aspectos como la cantidad de alimentos en el congelador: uno que esté lleno, si no se abre, puede mantener los alimentos en condiciones durante al menos un día; si por el contrario está medio lleno, este tiempo se reduce. También influye el tipo de alimentos, de forma que los de mayor contenido en agua se mantendrán congelados durante más tiempo -un congelador repleto de carne no se calienta de forma tan rápida como otro que esté lleno de pan- y la temperatura a la que estaba el aparato antes de la interrupción de luz -cuanto más fría, más tiempo permanecen los productos congelados.
Frío durante más tiempo
Si bien uno de los síntomas de deterioro puede valorarse por el olor, sobre todo en alimentos como la carne, en otros como la verdura o los mariscos, la valoración con este parámetro no es fiable. Las bacterias se multiplican con rapidez en ellos. Sin embargo, en otros como las frutas y productos de pan se registra una especie de fermentación que los protege de posibles riesgos. En cualquiera de los casos, es recomendable:
• Agrupar los alimentos para mantener el frío durante más tiempo.
• No abrir la puerta ni siquiera para comprobar el estado de la comida.
• Si está previsto que la avería se solucione en menos de 24 horas, dejar la comida dentro y no abrir la puerta. Si el tiempo es superior a un día, cambiar los alimentos a otro congelador, si es posible.
• Si se desconoce el tiempo que los alimentos llevan en proceso de descongelación, lo más seguro es tirarlos.
• Separar la carne de aves de corral, ya que si empiezan a descongelarse, los jugos pueden llegar a otros alimentos y contaminarse.
• Si los productos aún contienen cristales de hielo, pueden volver a congelarse.
• Desechar los alimentos que hayan alcanzado temperaturas superiores a 4ºC durante un periodo superior a dos horas.
• Usar un termómetro para controlar la temperatura en el interior, en distintas partes del congelador. Conocer la temperatura más alta es uno de los principales factores para determinar si el alimento congelado es seguro.
Una congelación adecuada
En el momento en el que se reestablece la electricidad o se soluciona el problema, el siguiente paso será recuperar al máximo el contenido. En la mayoría de los casos, si los alimentos comenzaron a descongelarse hace varias horas, deberán desecharse. Sin embargo, algunos resisten mejor la descongelación que otros, por lo que se tendrá que verificar su estado de forma individual.
La comida precocinada y el marisco no podrán volver a congelarse y deberán desecharse si han alcanzado temperaturas superiores a 5ºC durante más de tres horas. La carne roja y de ave y el pescado crudos resisten mejor la descongelación que los platos precocinados. Si se consume de inmediato, la carne cruda expuesta a más de 5ºC durante un máximo de seis horas puede aprovecharse. Para evitar cualquier riesgo, el interior de la pieza debe llegar a 75ºC.
Si se quieren congelar alimentos durante más de dos meses, una de las mejores formas de hacerlo es con papel de aluminio o bolsas de congelación. Estos métodos reducen la deshidratación de los alimentos y la pérdida de calidad. Antes de usar una bolsa, sin embargo, es recomendable asegurarse de que es apta para el congelador. No son útiles las bolsas convencionales de plástico destinadas al almacenamiento.
La congelación inactiva y frena la actividad de los patógenos, pero no los elimina. Por tanto, una vez descongelado el alimento, si contenía microbios, estos pueden llegar a ser más activos, ya que se favorecen las condiciones adecuadas de temperatura. Los alimentos descongelados deben controlarse de la misma manera que otros perecederos.
LOS EFECTOS DEL CALENTAMIENTO
A pesar de que la mayoría de microorganismos patógenos pierden cierta capacidad para multiplicarse en condiciones de congelación, no se inactivan de manera total. Algunos de los patógenos del frío son Listeria monocytogenes, Yersinia enterocolitica y Aeromonas hydrophila. Yersinia puede crecer a bajas temperaturas y, además, resiste bien la congelación. Por este motivo, es fundamental controlar la proliferación de esta variedad de patógenos cuando se registra un mal funcionamiento del congelador.
Con el aumento de la temperatura, los microbios pueden multiplicarse con rapidez. El líquido que eliminan los alimentos congelados puede quedar estancado en zonas de difícil acceso y convertirse en un foco de contaminación y, por tanto, ser fuente de intoxicación alimentaria. Una rigurosa higiene y desinfección en estos casos es una garantía de seguridad. Al hacerlo, deberán secarse todas las superficies para que no queden zonas húmedas donde proliferen patógenos.
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La mayoría de congeladores dejan de funcionar en algún momento, ya sea por un corte de luz, porque el aparato se avería o porque se deja la puerta entreabierta. Cualquiera que sea el motivo, trae consigo un riesgo de deterioro de los alimentos que se almacenan en él. El grado de riesgo varía en función de aspectos como el volumen de productos guardados, el tiempo de avería y la capacidad del congelador. Las medidas preventivas se deben centrar en calcular la inocuidad de los productos y desechar artículos que puedan suponer un riesgo para la salud, debido a la presencia de bacterias patógenas.
Fuente: consumer (1 de diciembre de 2010)
Por MARTA CHAVARRÍAS
Las bacterias en grandes cantidades en los alimentos pueden ser causa de intoxicaciones. A temperaturas bajo cero, la mayoría que causa enfermedades puede sobrevivir, pero no crece. A temperaturas de congelación (unos -18ºC), los alimentos se mantienen durante largos periodos de tiempo. Cuando se interrumpen estas condiciones, aumenta el riesgo de contaminación de los productos.
El grado de afectación depende de aspectos como la cantidad de alimentos en el congelador: uno que esté lleno, si no se abre, puede mantener los alimentos en condiciones durante al menos un día; si por el contrario está medio lleno, este tiempo se reduce. También influye el tipo de alimentos, de forma que los de mayor contenido en agua se mantendrán congelados durante más tiempo -un congelador repleto de carne no se calienta de forma tan rápida como otro que esté lleno de pan- y la temperatura a la que estaba el aparato antes de la interrupción de luz -cuanto más fría, más tiempo permanecen los productos congelados.
Frío durante más tiempo
Si bien uno de los síntomas de deterioro puede valorarse por el olor, sobre todo en alimentos como la carne, en otros como la verdura o los mariscos, la valoración con este parámetro no es fiable. Las bacterias se multiplican con rapidez en ellos. Sin embargo, en otros como las frutas y productos de pan se registra una especie de fermentación que los protege de posibles riesgos. En cualquiera de los casos, es recomendable:
• Agrupar los alimentos para mantener el frío durante más tiempo.
• No abrir la puerta ni siquiera para comprobar el estado de la comida.
• Si está previsto que la avería se solucione en menos de 24 horas, dejar la comida dentro y no abrir la puerta. Si el tiempo es superior a un día, cambiar los alimentos a otro congelador, si es posible.
• Si se desconoce el tiempo que los alimentos llevan en proceso de descongelación, lo más seguro es tirarlos.
• Separar la carne de aves de corral, ya que si empiezan a descongelarse, los jugos pueden llegar a otros alimentos y contaminarse.
• Si los productos aún contienen cristales de hielo, pueden volver a congelarse.
• Desechar los alimentos que hayan alcanzado temperaturas superiores a 4ºC durante un periodo superior a dos horas.
• Usar un termómetro para controlar la temperatura en el interior, en distintas partes del congelador. Conocer la temperatura más alta es uno de los principales factores para determinar si el alimento congelado es seguro.
Una congelación adecuada
En el momento en el que se reestablece la electricidad o se soluciona el problema, el siguiente paso será recuperar al máximo el contenido. En la mayoría de los casos, si los alimentos comenzaron a descongelarse hace varias horas, deberán desecharse. Sin embargo, algunos resisten mejor la descongelación que otros, por lo que se tendrá que verificar su estado de forma individual.
La comida precocinada y el marisco no podrán volver a congelarse y deberán desecharse si han alcanzado temperaturas superiores a 5ºC durante más de tres horas. La carne roja y de ave y el pescado crudos resisten mejor la descongelación que los platos precocinados. Si se consume de inmediato, la carne cruda expuesta a más de 5ºC durante un máximo de seis horas puede aprovecharse. Para evitar cualquier riesgo, el interior de la pieza debe llegar a 75ºC.
Si se quieren congelar alimentos durante más de dos meses, una de las mejores formas de hacerlo es con papel de aluminio o bolsas de congelación. Estos métodos reducen la deshidratación de los alimentos y la pérdida de calidad. Antes de usar una bolsa, sin embargo, es recomendable asegurarse de que es apta para el congelador. No son útiles las bolsas convencionales de plástico destinadas al almacenamiento.
La congelación inactiva y frena la actividad de los patógenos, pero no los elimina. Por tanto, una vez descongelado el alimento, si contenía microbios, estos pueden llegar a ser más activos, ya que se favorecen las condiciones adecuadas de temperatura. Los alimentos descongelados deben controlarse de la misma manera que otros perecederos.
LOS EFECTOS DEL CALENTAMIENTO
A pesar de que la mayoría de microorganismos patógenos pierden cierta capacidad para multiplicarse en condiciones de congelación, no se inactivan de manera total. Algunos de los patógenos del frío son Listeria monocytogenes, Yersinia enterocolitica y Aeromonas hydrophila. Yersinia puede crecer a bajas temperaturas y, además, resiste bien la congelación. Por este motivo, es fundamental controlar la proliferación de esta variedad de patógenos cuando se registra un mal funcionamiento del congelador.
Con el aumento de la temperatura, los microbios pueden multiplicarse con rapidez. El líquido que eliminan los alimentos congelados puede quedar estancado en zonas de difícil acceso y convertirse en un foco de contaminación y, por tanto, ser fuente de intoxicación alimentaria. Una rigurosa higiene y desinfección en estos casos es una garantía de seguridad. Al hacerlo, deberán secarse todas las superficies para que no queden zonas húmedas donde proliferen patógenos.
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13 feb 2011
Alimentos que te ayudan a llegar a viejo
Zanahorias, batatas, calabaza, brócoli, judías verdes, guisantes, nabos, coles, lechuga o espinacas. ¿Qué tienen en común todos estos alimentos? Pues que su consumo protege de enfermedades y alargan nuestra vida.FUENTE : ABC Periódico Electrónico S.A. (25/11/2010)
Autor: C. GarridoEstas hortalizas y verduras tienen un alto contenido en alfacarotenos antioxidantes, unos nutrientes cuya presencia en niveles elevados en la sangre parecen asociarse con un menor riesgo de morir en un periodo de 14 años, según un estudio de los Centros de Control y Prevención de las Enfermedades en Atlanta (Estados Unidos) que se publicará en la revista «Archives of Internal Medicine».
Los carotenoides, incluyendo los betacarotenos, alfacarotenos y licopenos que son producidos por plantas y microorganismos, actúan como antioxidantes, contrarrestando los daños al ADN relacionados con el oxígeno, las proteínas y las grasas, que podrían participar en el desarrollo de enfermedades crónicas como los problemas cardiacos y el cáncer.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores, dirigidos por el doctor Chaoyang Li, de los Centros de Control y Prevención de las Enfermedades en Atlanta, evaluaron la relación entre los alfacarotenos y el riesgo de muerte entre 15.318 adultos de más de 20 años que participaron en una encuesta nacional de salud y nutrición en EE.UU.. Los participantes se sometieron a chequeos médicos, análisis de sangre entre 1988 y 1994, y fueron estudiados hasta 2006 para determinar si morían y cómo lo hacían.
A lo largo del estudio fallecieron 3.810 participantes, pero descubrieron que el riesgo de morir se reducía entre los que contaban con mayores niveles de alfacarotenos en la sangre. Comparados con los individuos con niveles entre 0 y 1 microgramos por decilitro, el riesgo de mortalidad durante el estudio era un 23 por ciento menor entre quienes tenían concentraciones de entre 2 y 3 microgramos por decilitro; un 27 por ciento menor entre los que tenían entre 4 y 5 microgramos por decilitro; un 34 por ciento menos en niveles entre los 6 y los 8 microgramos y el 39 por ciento menor para niveles de 9 microgramos o más.
MÁS EFICACES QUE LOS BETACAROTENOS
En concreto, una alta concentración de alfacarotenos parece estar asociada con un riesgo más bajo de morir debido a una enfermedad cardiovascular o cáncer, además de por otras causas.
Aunque los alfacarotenos son químicamente similares a los betacarotenos, podrían ser más eficaces inhibiendo el crecimiento de las células cancerígenas en el cerebro, hígado y piel.
Para que los consumidores se hagan una idea, además de los alimentos mencionados al comienzo del artículo, los elementos de la dieta que contienen más alfacarotenos son los vegetales de colores amarillos y naranjas y los de color verde oscuro.
Para los autores estos resultados apoyan un mayor consumo de frutas y vegetales como forma de evitar la muerte prematura, al tiempo que sugieren la necesidad de una mayor investigación clínica sobre los beneficios de los alfacarotenos.
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6 feb 2011
¿Omega 6 dónde se esconde?
Los aceites de girasol, soja, maíz, sésamo o cacahuete son ricos en ácido linoleico, un ácido graso omega 6 esencial para el organismo
Fuente: consumer (11 de enero de 2010)
En los anuncios publicitarios y en el etiquetado nutricional de algunos productos ricos en omega 3 suelen resaltar, de forma llamativa, el contenido de este nutriente en su composición, haciendo alusión a su capacidad protectora del sistema cardiovascular. Pero, ¿son éstas las únicas grasas buenas que existen?
Los ácidos grasos omega 3 son un tipo de grasa insaturada, pero no la única. En general, todas las grasas insaturadas se consideran grasas buenas porque protegen los vasos sanguíneos y el corazón. Por eso, los ácidos grasos insaturados también se conocen como grasas cardiosaludables y se clasifican en dos grandes grupos:
1.- Ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico): deben suponer un 15-20% de las calorías totales del día.
2.- Ácidos grasos poliinsaturados: el 7% de las calorías de la dieta diaria deben ser de este tipo y se clasifican en:
• Omega 3: ácido linolénico esencial, EPA y DHA.
• Omega 6: ácido linoleico esencial, araquidónico y otros.
• Omega 9
Qué son los omega 6
Los ácidos grasos omega 6 son un tipo de grasas poliinsaturadas que tienen la capacidad de reducir el colesterol total y los niveles de triglicéridos en sangre. No obstante, para disminuir los niveles de colesterol total, resulta mucho más eficaz eliminar o reducir al máximo la ingesta de grasa saturada que aumentar la de poliinsaturada.
Además, los ácidos grasos omega 6 tienen una acción antiagregante plaquetaria, es decir, hacen la sangre más fluida, por lo que reducen el riesgo de formación de trombos o coágulos. Si la ingesta de ácidos grasos omega 6 es excesiva y también se toman fármacos anticoagulantes como el Sintron, el efecto de uno y otro se suma. Por esto es imprescindible seguir los consejos de un profesional sanitario y realizarse pruebas de coagulación para ajustar bien la dosis.
La deficiencia de la mayoría de ácidos grasos omega 6 no es muy frecuente, ya que son muchos los alimentos de consumo habitual que contienen este nutriente. Sin embargo, sí que es más habitual que haya deficiencia de ácido linoleico, un omega 6 esencial. Esta deficiencia se asocia a una serie de síntomas como son retardo del crecimiento, lesiones cutáneas, deficiencias en la reproducción, hígado graso y polidipsia (necesidad de beber con frecuencia).
¿Dónde están los omega 6?
Los ácidos grasos omega 3, característicos de los pescados azules, son muy conocidos. En cambio, los omega 6 no lo son tanto. Ambos nutrientes son esenciales, lo que significa que nuestro organismo no los puede producir por sí sólo a partir de otros compuestos químicos y que, por tanto, se deben ingerir a través de la dieta.
Las ácidos grasos omega 6 se encuentran en muchos alimentos, si bien su fuente principal son los aceites vegetales. El aceite más rico en ácido linoleico, uno de los ácidos grasos de este tipo más destacados, es el aceite de cártamo, extraído de las semillas de una planta de la familia de los cardos. Este aceite, sin embargo, apenas se consume como tal, aunque sí como ingrediente de ciertos productos como ocurre con bebidas vegetales sin lactosa. Otros aceites ricos en este ácido son el aceite de girasol, soja, maíz, sésamo, cacahuete y palma entre otros. Además de estos alimentos, que contienen el ácido de forma natural, también hay productos que incorporan este nutriente en su elaboración, como las galletas o las margarinas.
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Fuente: consumer (11 de enero de 2010)
En los anuncios publicitarios y en el etiquetado nutricional de algunos productos ricos en omega 3 suelen resaltar, de forma llamativa, el contenido de este nutriente en su composición, haciendo alusión a su capacidad protectora del sistema cardiovascular. Pero, ¿son éstas las únicas grasas buenas que existen?
Los ácidos grasos omega 3 son un tipo de grasa insaturada, pero no la única. En general, todas las grasas insaturadas se consideran grasas buenas porque protegen los vasos sanguíneos y el corazón. Por eso, los ácidos grasos insaturados también se conocen como grasas cardiosaludables y se clasifican en dos grandes grupos:
1.- Ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico): deben suponer un 15-20% de las calorías totales del día.
2.- Ácidos grasos poliinsaturados: el 7% de las calorías de la dieta diaria deben ser de este tipo y se clasifican en:
• Omega 3: ácido linolénico esencial, EPA y DHA.
• Omega 6: ácido linoleico esencial, araquidónico y otros.
• Omega 9
Qué son los omega 6
Los ácidos grasos omega 6 son un tipo de grasas poliinsaturadas que tienen la capacidad de reducir el colesterol total y los niveles de triglicéridos en sangre. No obstante, para disminuir los niveles de colesterol total, resulta mucho más eficaz eliminar o reducir al máximo la ingesta de grasa saturada que aumentar la de poliinsaturada.
Además, los ácidos grasos omega 6 tienen una acción antiagregante plaquetaria, es decir, hacen la sangre más fluida, por lo que reducen el riesgo de formación de trombos o coágulos. Si la ingesta de ácidos grasos omega 6 es excesiva y también se toman fármacos anticoagulantes como el Sintron, el efecto de uno y otro se suma. Por esto es imprescindible seguir los consejos de un profesional sanitario y realizarse pruebas de coagulación para ajustar bien la dosis.
La deficiencia de la mayoría de ácidos grasos omega 6 no es muy frecuente, ya que son muchos los alimentos de consumo habitual que contienen este nutriente. Sin embargo, sí que es más habitual que haya deficiencia de ácido linoleico, un omega 6 esencial. Esta deficiencia se asocia a una serie de síntomas como son retardo del crecimiento, lesiones cutáneas, deficiencias en la reproducción, hígado graso y polidipsia (necesidad de beber con frecuencia).
¿Dónde están los omega 6?
Los ácidos grasos omega 3, característicos de los pescados azules, son muy conocidos. En cambio, los omega 6 no lo son tanto. Ambos nutrientes son esenciales, lo que significa que nuestro organismo no los puede producir por sí sólo a partir de otros compuestos químicos y que, por tanto, se deben ingerir a través de la dieta.
Las ácidos grasos omega 6 se encuentran en muchos alimentos, si bien su fuente principal son los aceites vegetales. El aceite más rico en ácido linoleico, uno de los ácidos grasos de este tipo más destacados, es el aceite de cártamo, extraído de las semillas de una planta de la familia de los cardos. Este aceite, sin embargo, apenas se consume como tal, aunque sí como ingrediente de ciertos productos como ocurre con bebidas vegetales sin lactosa. Otros aceites ricos en este ácido son el aceite de girasol, soja, maíz, sésamo, cacahuete y palma entre otros. Además de estos alimentos, que contienen el ácido de forma natural, también hay productos que incorporan este nutriente en su elaboración, como las galletas o las margarinas.
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3 feb 2011
El aumento de ácidos grasos omega 6 en la dieta podría tener efectos negativos en la salud
Los hábitos alimenticios han pasado de una dieta rica en antioxidantes y con variedad de grasas a una con mayor cantidad de omega 6
Fuente: consumer (22 de noviembre de 2010)
El aumento de ácidos grasos omega 6, frente a los omega 3, en la dieta del siglo XXI puede tener efectos negativos en la salud. La investigadora del Center for Genetics (Washington) e impulsora de la "Dieta Omega", Artemis Simopoulos, hizo esta afirmación durante su participación en el IV Congreso Internacional de la Sociedad de Nutrigenética y Nutrigenómica (ISNN), coorganizado por la Universidad de Navarra del 18 al 20 de noviembre en el Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona.
Simopoulos señaló que los hábitos alimenticios de la sociedad actual han evolucionado "de una dieta rica en antioxidantes y con variedad de grasas a una con mayor cantidad de omega 6 (presente en aceites como el de maíz o soja)". Explicó que las frutas y verduras que se consumen, al cultivarse con técnicas más modernas, tienen una menor cantidad de antioxidantes. Además, se alimenta a los animales con cereales y, como consecuencia, "la cantidad de omega 6 en nuestra dieta se ha incrementado".
También se ha disminuido el aporte de ácidos omega 3 -procedentes sobre todo del pescado azul, mariscos, aceites de semillas y vegetales de hojas verdes-, lo que junto con el aumento de la ingesta de omega 6 afecta a la salud. La investigadora explicó que en modelos animales se ha demostrado que el mayor consumo de omega 6 eleva el riesgo de sufrir cáncer, problemas cardiovasculares, neurodegenerativos e inflamatorios. "En el ser humano los resultados son todavía contradictorios, pero se ha comprobado que en personas con predisposición genética, el omega 3 es beneficioso en algunos tipos de tumores", señaló.
Por su parte, el especialista en Nutrigenética y Nutrigenómica y presidente de ISNN, Rafaelle De Caterina, dijo que se puede cambiar "el destino escrito en nuestros genes si cambiamos nuestra alimentación". Según De Caterina, "existen medicamentos derivados de alimentos, como el omega 3, que disminuyen el riesgo de muerte cardiovascular". Por ello, "las intervenciones en la alimentación deben ser prioritarias para la comunidad científica en este momento".
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Fuente: consumer (22 de noviembre de 2010)
El aumento de ácidos grasos omega 6, frente a los omega 3, en la dieta del siglo XXI puede tener efectos negativos en la salud. La investigadora del Center for Genetics (Washington) e impulsora de la "Dieta Omega", Artemis Simopoulos, hizo esta afirmación durante su participación en el IV Congreso Internacional de la Sociedad de Nutrigenética y Nutrigenómica (ISNN), coorganizado por la Universidad de Navarra del 18 al 20 de noviembre en el Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona.
Simopoulos señaló que los hábitos alimenticios de la sociedad actual han evolucionado "de una dieta rica en antioxidantes y con variedad de grasas a una con mayor cantidad de omega 6 (presente en aceites como el de maíz o soja)". Explicó que las frutas y verduras que se consumen, al cultivarse con técnicas más modernas, tienen una menor cantidad de antioxidantes. Además, se alimenta a los animales con cereales y, como consecuencia, "la cantidad de omega 6 en nuestra dieta se ha incrementado".
También se ha disminuido el aporte de ácidos omega 3 -procedentes sobre todo del pescado azul, mariscos, aceites de semillas y vegetales de hojas verdes-, lo que junto con el aumento de la ingesta de omega 6 afecta a la salud. La investigadora explicó que en modelos animales se ha demostrado que el mayor consumo de omega 6 eleva el riesgo de sufrir cáncer, problemas cardiovasculares, neurodegenerativos e inflamatorios. "En el ser humano los resultados son todavía contradictorios, pero se ha comprobado que en personas con predisposición genética, el omega 3 es beneficioso en algunos tipos de tumores", señaló.
Por su parte, el especialista en Nutrigenética y Nutrigenómica y presidente de ISNN, Rafaelle De Caterina, dijo que se puede cambiar "el destino escrito en nuestros genes si cambiamos nuestra alimentación". Según De Caterina, "existen medicamentos derivados de alimentos, como el omega 3, que disminuyen el riesgo de muerte cardiovascular". Por ello, "las intervenciones en la alimentación deben ser prioritarias para la comunidad científica en este momento".
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1 feb 2011
Los alfacarotenos de zanahorias o guisantes se asocian con un menor riesgo de mortalidad
Estos resultados apoyan el consumo de frutas y vegetales como forma de evitar la muerte prematura
Fuente: consumer (23 de noviembre de 2010)
Los niveles elevados en sangre de alfacarotenos antioxidantes, localizados en zanahorias, guisantes o brócoli, parecen asociarse con un menor riesgo de morir en un periodo de 14 años, según un estudio de los Centros de Control y Prevención de las Enfermedades en Atlanta (Estados Unidos), que se publica en la revista "Archives of Internal Medicine". Los autores concluyen que estos resultados apoyan el mayor consumo de frutas y vegetales como forma de evitar la muerte prematura y sugieren la necesidad de una investigación clínica sobre los beneficios de los alfacarotenos.
Los daños al ADN relacionados con el oxígeno, las proteínas y las grasas podrían participar en el desarrollo de enfermedades crónicas como la enfermedad cardiaca y el cáncer. Los carotenoides, entre los que se incluyen los betacarotenos, alfacarotenos y licopenos, están en plantas o microorganismos y actúan como antioxidantes que contrarrestan estos daños. Los carotenoides del organismo humano se obtienen sobre todo a través del consumo de frutas y vegetales ricos en estos nutrientes o a través de suplementos antioxidantes.
Los investigadores, dirigidos por Chaoyang Li, evaluaron la relación entre los alfacarotenos y el riesgo de mortalidad entre 15.318 adultos de 20 años o más que participaron en un estudio nacional estadounidense de salud y nutrición. Los participantes pasaron por exámenes médicos y proporcionaron muestras de sangre entre 1988 y 1994. Además se les realizó un seguimiento hasta 2006 para determinar si morían o cómo lo hacían. A lo largo del estudio fallecieron 3.810 participantes y el riesgo de morir era menor entre quienes tenían mayores niveles de alfacarotenos en la sangre. La concentración superior en alfacaroteno también parecía asociarse con un menor riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular o cáncer, además de por todo tipo de causas.
Los alfacarotenos son químicamente similares a los betacarotenos, pero podrían ser más eficaces al inhibir el crecimiento de las células del cáncer en el cerebro, hígado y piel. Los elementos de la dieta que contienen más alfacarotenos son los vegetales de colores amarillos y naranjas, como zanahorias, batatas o calabaza y los de color verde oscuro como el brócoli, las judias verdes, los guisantes o espinacas.
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Fuente: consumer (23 de noviembre de 2010)
Los niveles elevados en sangre de alfacarotenos antioxidantes, localizados en zanahorias, guisantes o brócoli, parecen asociarse con un menor riesgo de morir en un periodo de 14 años, según un estudio de los Centros de Control y Prevención de las Enfermedades en Atlanta (Estados Unidos), que se publica en la revista "Archives of Internal Medicine". Los autores concluyen que estos resultados apoyan el mayor consumo de frutas y vegetales como forma de evitar la muerte prematura y sugieren la necesidad de una investigación clínica sobre los beneficios de los alfacarotenos.
Los daños al ADN relacionados con el oxígeno, las proteínas y las grasas podrían participar en el desarrollo de enfermedades crónicas como la enfermedad cardiaca y el cáncer. Los carotenoides, entre los que se incluyen los betacarotenos, alfacarotenos y licopenos, están en plantas o microorganismos y actúan como antioxidantes que contrarrestan estos daños. Los carotenoides del organismo humano se obtienen sobre todo a través del consumo de frutas y vegetales ricos en estos nutrientes o a través de suplementos antioxidantes.
Los investigadores, dirigidos por Chaoyang Li, evaluaron la relación entre los alfacarotenos y el riesgo de mortalidad entre 15.318 adultos de 20 años o más que participaron en un estudio nacional estadounidense de salud y nutrición. Los participantes pasaron por exámenes médicos y proporcionaron muestras de sangre entre 1988 y 1994. Además se les realizó un seguimiento hasta 2006 para determinar si morían o cómo lo hacían. A lo largo del estudio fallecieron 3.810 participantes y el riesgo de morir era menor entre quienes tenían mayores niveles de alfacarotenos en la sangre. La concentración superior en alfacaroteno también parecía asociarse con un menor riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular o cáncer, además de por todo tipo de causas.
Los alfacarotenos son químicamente similares a los betacarotenos, pero podrían ser más eficaces al inhibir el crecimiento de las células del cáncer en el cerebro, hígado y piel. Los elementos de la dieta que contienen más alfacarotenos son los vegetales de colores amarillos y naranjas, como zanahorias, batatas o calabaza y los de color verde oscuro como el brócoli, las judias verdes, los guisantes o espinacas.
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24 ene 2011
Consumir frutas y verduras de más de ocho subgrupos puede disminuir el riesgo de cáncer de pulmón
Las personas que ingieren este tipo de alimentos reducen en un 23% las posibilidades de desarrollar la enfermedad
Una de las recomendaciones más recurrentes para la prevención del cáncer es comer cinco piezas de frutas y verduras al día. Un estudio a escala europea, realizado por investigadores de 10 países, indica ahora que en el cáncer de pulmón, además de la cantidad, prima la variedad en el consumo, que puede disminuir el riesgo hasta en un 23%. "Una dieta variada reduce el riesgo de desarrollar este cáncer, sobre todo en personas fumadoras", señaló María José Sánchez Pérez, coautora del estudio y directora del Registro de Cáncer de Granada en la Escuela Andaluza de Salud Pública.
Fuente: consumer (24 de noviembre de 2010)
Los resultados de este estudio, que se han publicado en la revista "Cancer Epidemiology, Biomarkers and Prevention", muestran que un consumo de más de ocho subgrupos de verduras y frutas respecto a menos de cuatro subgrupos disminuye este riesgo en un 23%. Además, por cada unidad de aumento en la dieta de otro subgrupo de verduras y frutas se reduce este riesgo otro 4%. Solo se encontraron asociaciones significativas en las personas fumadoras, resaltó la investigadora. "Por cada dos unidades de aumento en la dieta de diferentes tipos de verduras y frutas, el riesgo de cáncer de pulmón disminuye de forma significativa un 3%. De igual modo, al incrementar la variedad en el consumo de frutas las personas fumadoras podrían tener menos riesgo de desarrollar este cáncer", apuntó.
Una mayor variedad en la ingesta de frutas y verduras se asocia con un menor riesgo de desarrollar carcinoma epidermoide de pulmón, donde dos unidades de aumento del consumo de frutas y verduras supondría una reducción del 9% del riesgo. Este efecto es más patente en personas fumadoras (el riesgo se reduce en un 12%). Para el resto de tejidos afectados (adenocarcinoma, carcinoma de células pequeñas y grandes) no se confirmaron correspondencias significativas entre el consumo variado de frutas y verduras con el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón.
El cáncer de pulmón es uno de los cánceres más frecuentes en los países desarrollados. Por ello, a pesar de los resultados alentadores del estudio, Sánchez Pérez concluyó que "la actuación de prevención más efectiva es reducir la prevalencia del consumo de tabaco en la población".
El estudio prospectivo europeo sobre dieta, cáncer y salud (EPIC) cuenta con la participación 23 centros de 10 países europeos (Alemania, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Holanda, Italia, Noruega, Reino Unido y Suecia) que trabajan con una muestra de 500.000 sujetos europeos (41.000 residentes en Asturias, Granada, Guipúzcoa, Murcia y Navarra).
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Una de las recomendaciones más recurrentes para la prevención del cáncer es comer cinco piezas de frutas y verduras al día. Un estudio a escala europea, realizado por investigadores de 10 países, indica ahora que en el cáncer de pulmón, además de la cantidad, prima la variedad en el consumo, que puede disminuir el riesgo hasta en un 23%. "Una dieta variada reduce el riesgo de desarrollar este cáncer, sobre todo en personas fumadoras", señaló María José Sánchez Pérez, coautora del estudio y directora del Registro de Cáncer de Granada en la Escuela Andaluza de Salud Pública.
Fuente: consumer (24 de noviembre de 2010)
Los resultados de este estudio, que se han publicado en la revista "Cancer Epidemiology, Biomarkers and Prevention", muestran que un consumo de más de ocho subgrupos de verduras y frutas respecto a menos de cuatro subgrupos disminuye este riesgo en un 23%. Además, por cada unidad de aumento en la dieta de otro subgrupo de verduras y frutas se reduce este riesgo otro 4%. Solo se encontraron asociaciones significativas en las personas fumadoras, resaltó la investigadora. "Por cada dos unidades de aumento en la dieta de diferentes tipos de verduras y frutas, el riesgo de cáncer de pulmón disminuye de forma significativa un 3%. De igual modo, al incrementar la variedad en el consumo de frutas las personas fumadoras podrían tener menos riesgo de desarrollar este cáncer", apuntó.
Una mayor variedad en la ingesta de frutas y verduras se asocia con un menor riesgo de desarrollar carcinoma epidermoide de pulmón, donde dos unidades de aumento del consumo de frutas y verduras supondría una reducción del 9% del riesgo. Este efecto es más patente en personas fumadoras (el riesgo se reduce en un 12%). Para el resto de tejidos afectados (adenocarcinoma, carcinoma de células pequeñas y grandes) no se confirmaron correspondencias significativas entre el consumo variado de frutas y verduras con el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón.
El cáncer de pulmón es uno de los cánceres más frecuentes en los países desarrollados. Por ello, a pesar de los resultados alentadores del estudio, Sánchez Pérez concluyó que "la actuación de prevención más efectiva es reducir la prevalencia del consumo de tabaco en la población".
El estudio prospectivo europeo sobre dieta, cáncer y salud (EPIC) cuenta con la participación 23 centros de 10 países europeos (Alemania, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Holanda, Italia, Noruega, Reino Unido y Suecia) que trabajan con una muestra de 500.000 sujetos europeos (41.000 residentes en Asturias, Granada, Guipúzcoa, Murcia y Navarra).
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20 ene 2011
Todo el pescado que consumimos hoy en día está contaminado por mercurio
Iodo el pescado que consumimos hoy en día está contaminado por mercurio y las cantidades de mercurio presentes en el medio ambiente y en nuestro cuerpo siguen aumentando. Hace años que la ONU y la Unión Europea alertan de la urgencia de controlar este problema de salud pública. La situación es de máxima alerta en todo el mundo; sin embargo, en nuestro país las autoridades no se deciden a tomar medidas.
Fuente: Ecologistas en Accion www.ecologistasenaccion.org (16/11/10)
Cuando se deposita en el agua el mercurio puede formar metilmercurio, que se acumula y concentra en los ecosistemas acuáticos y en peces de consumo (atún, pez espada,…). El metilmercurio es un neurotóxico que puede afectar a la formación del cerebro, por lo que es muy preocupante la exposición durante el embarazo. Asimismo, puede causar daños en el sistema cardiovascular y un incremento en la mortalidad. También provoca trastornos neurológicos y de comportamiento: temblores, labilidad emocional, insomnio, pérdida de la memoria, cambios en el sistema neuromuscular, dolores de cabeza, efectos en el riñón y la tiroides. El Centro Internacional de Investigación sobre el Cáncer[1] considera que los compuestos de metilmercurio pueden ser carcinógenos.
Durante el verano 2010, Ecologistas en Acción, dentro de la campaña internacional Mercurio Cero[2] ha vuelto a realizar muestreos de mercurio en las inmediaciones de las fábricas de cloro-sosa que utilizan mercurio y ha comparado los resultados con las mediciones realizadas en 2006 y 2007[3]. Los análisis han sido efectuados por el laboratorio de Biogeoquímica de metales pesados de la Escuela Universitaria Politécnica de Almadén (Ciudad Real) de la Universidad de Castilla-La Mancha.
En dos de estas fábricas, Elnosa en Lourizán (Pontevedra) y Ercros en Flix (Tarragona), se han detectado unos niveles muy elevados de mercurio en aire que superan con creces el límite marcado por la OMS para la exposición crónica. También se ha encontrado mercurio en los suelos.
Las principales consumidoras de mercurio en España son las plantas de cloro-sosa con celdas de mercurio, una tecnología obsoleta, inventada en el siglo XIX y superada desde hace años por el proceso de membrana, de producción limpia y que consume un 30% menos de energía. http://www.ecoportal.net/
Referencias:
[1] International Agency for Research on Cancer, IARC, 1993
[2] Coalición de ONG de Europa, Estados Unidos, Canadá, India, Brasil, Sudáfrica y China, coordinadas por el Bureau Europeo de Medio Ambiente (www.zeromercury.org). Su objetivo es reducir la oferta y demanda de mercurio y las emisiones de toda fuente controlable, a fin de disminuir su presencia en el planeta.
[3] Ver Inmisiones de mercurio en la industria clorocáustica (2006 – 2007)
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Fuente: Ecologistas en Accion www.ecologistasenaccion.org (16/11/10)
Cuando se deposita en el agua el mercurio puede formar metilmercurio, que se acumula y concentra en los ecosistemas acuáticos y en peces de consumo (atún, pez espada,…). El metilmercurio es un neurotóxico que puede afectar a la formación del cerebro, por lo que es muy preocupante la exposición durante el embarazo. Asimismo, puede causar daños en el sistema cardiovascular y un incremento en la mortalidad. También provoca trastornos neurológicos y de comportamiento: temblores, labilidad emocional, insomnio, pérdida de la memoria, cambios en el sistema neuromuscular, dolores de cabeza, efectos en el riñón y la tiroides. El Centro Internacional de Investigación sobre el Cáncer[1] considera que los compuestos de metilmercurio pueden ser carcinógenos.
Durante el verano 2010, Ecologistas en Acción, dentro de la campaña internacional Mercurio Cero[2] ha vuelto a realizar muestreos de mercurio en las inmediaciones de las fábricas de cloro-sosa que utilizan mercurio y ha comparado los resultados con las mediciones realizadas en 2006 y 2007[3]. Los análisis han sido efectuados por el laboratorio de Biogeoquímica de metales pesados de la Escuela Universitaria Politécnica de Almadén (Ciudad Real) de la Universidad de Castilla-La Mancha.
En dos de estas fábricas, Elnosa en Lourizán (Pontevedra) y Ercros en Flix (Tarragona), se han detectado unos niveles muy elevados de mercurio en aire que superan con creces el límite marcado por la OMS para la exposición crónica. También se ha encontrado mercurio en los suelos.
Las principales consumidoras de mercurio en España son las plantas de cloro-sosa con celdas de mercurio, una tecnología obsoleta, inventada en el siglo XIX y superada desde hace años por el proceso de membrana, de producción limpia y que consume un 30% menos de energía. http://www.ecoportal.net/
Referencias:
[1] International Agency for Research on Cancer, IARC, 1993
[2] Coalición de ONG de Europa, Estados Unidos, Canadá, India, Brasil, Sudáfrica y China, coordinadas por el Bureau Europeo de Medio Ambiente (www.zeromercury.org). Su objetivo es reducir la oferta y demanda de mercurio y las emisiones de toda fuente controlable, a fin de disminuir su presencia en el planeta.
[3] Ver Inmisiones de mercurio en la industria clorocáustica (2006 – 2007)
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17 ene 2011
Estudian cómo influye la forma de cocinar las hamburguesas en el riesgo de contaminación microbiológica
Tres organismos franceses (AFSSA, IFIP y el INRA) han llevado a cabo un estudio, financiado por Interbev, en el que analizan la eficacia del cocinado de la carne picada para destruir la posible contaminación por Salmonella y E. coli, como productores de infecciones asociadas a shigatoxinas dentro de los comedores escolares con el fin de mejorar la seguridad alimentaria.
Fuente: eurocarne.com (2010/11/23)
El estudio analizó diversos tipos de hamburguesas: unas vendidas precocinadas, otras hechas a partir de carne de vacuno picada comprada y otras compradas directamente a carniceros. Todas ellas tenían entre un 5 y un 15% de grasa. Todas ellas fueron congeladas y se descongelaron en el momento del cocinado. También fueron contaminadas artificalmente con una cepa de Salmonella y otra de E. coli. Los serotipos utilizados fueron S. typhimurium, S. Newport y S. Montevideo en el caso de la Salmonella mientras que para STEC se utilizaron o157, H7, O154 y O26.
Los investigadores estudiaron los efectos de cocinar las hamburguesas ya fueran a la parrilla o en el horno sobre la destrucción de Salmonella y de E. coli. En el caso de las asadas en parrilla, han mostrado que voltear las hamburguesas tres veces y descongelarlas previamente al cocinado permite menos riesgos. Además la eficacia del cocinado es mayor en aquellas hamburguesas con un 5% de grasa. Por otro lado, la evolución de la temperatura en las hamburguesas grandes compradas directamente a carniceros fue más rápido en las asadas. En el caso de las que fueron horneadas no hubo diferencias significativas aunque la destrucción de bacterias fue más eficaz en aquellas que tenían un 15% de grasa.
Según el modelo bacteriano hecho a partir de los datos el punto de cocción "poco hecho" permite una reducción de entre 0,2 y 1,3 log ufc/g de Salmonella y STEC en hamburguesas de carne de vacuno. En el caso de las hamburguesas "en su punto", la reducción se cifra en 2 y 2,9 log ufc/g. En el caso de las "muy hechas" la reducción es de entre 4 y 4,6 log ufc/g.
Pese a estos datos, los investigadores afirman que en estos datos hay disparidades que están relacionadas con factores como el tipo de carne y la grasa, el estado de la carne o el método de cocinado.
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Fuente: eurocarne.com (2010/11/23)
El estudio analizó diversos tipos de hamburguesas: unas vendidas precocinadas, otras hechas a partir de carne de vacuno picada comprada y otras compradas directamente a carniceros. Todas ellas tenían entre un 5 y un 15% de grasa. Todas ellas fueron congeladas y se descongelaron en el momento del cocinado. También fueron contaminadas artificalmente con una cepa de Salmonella y otra de E. coli. Los serotipos utilizados fueron S. typhimurium, S. Newport y S. Montevideo en el caso de la Salmonella mientras que para STEC se utilizaron o157, H7, O154 y O26.
Los investigadores estudiaron los efectos de cocinar las hamburguesas ya fueran a la parrilla o en el horno sobre la destrucción de Salmonella y de E. coli. En el caso de las asadas en parrilla, han mostrado que voltear las hamburguesas tres veces y descongelarlas previamente al cocinado permite menos riesgos. Además la eficacia del cocinado es mayor en aquellas hamburguesas con un 5% de grasa. Por otro lado, la evolución de la temperatura en las hamburguesas grandes compradas directamente a carniceros fue más rápido en las asadas. En el caso de las que fueron horneadas no hubo diferencias significativas aunque la destrucción de bacterias fue más eficaz en aquellas que tenían un 15% de grasa.
Según el modelo bacteriano hecho a partir de los datos el punto de cocción "poco hecho" permite una reducción de entre 0,2 y 1,3 log ufc/g de Salmonella y STEC en hamburguesas de carne de vacuno. En el caso de las hamburguesas "en su punto", la reducción se cifra en 2 y 2,9 log ufc/g. En el caso de las "muy hechas" la reducción es de entre 4 y 4,6 log ufc/g.
Pese a estos datos, los investigadores afirman que en estos datos hay disparidades que están relacionadas con factores como el tipo de carne y la grasa, el estado de la carne o el método de cocinado.
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13 ene 2011
Cambios climáticos originan aparición nuevas enfermedades mortales para fresa
La abundancia de lluvias y las altas temperaturas de campañas agrícolas como la pasada han originado la aparición de nuevos patógenos de suelo que generan enfermedades hasta ahora prácticamente inexistentes en el cultivo de la fresa y que provocan la muerte de la planta.
Fuente: EFE (19/11/2010)
Así la precisado en declaraciones a Efe, la investigadora del centro del Ifapa Las Torres y Tomejil, Berta de los Santos García, estos nuevos hongos -Macrophomina phaseolina y Fusarium oxysporum-, se habían detectado antes, en el año 2005, pero "no con una incidencia tan alta en los cultivos como ahora, cuando han producido la muerte de plantas"..
El Fusarium oxysporum "es un patógeno considerado subletal y que se mantenía en los suelos a pesar de las desinfecciones, pero nunca había ocasionado muerte de plantas".
Para controlarlos, hay productos químicos como la cloridripina que "va muy bien", ha precisado y alternativas biológicas como la denominada biosolarización.
La biosolarización consiste la aplicación al suelo, durante mediados de julio, de gran cantidad de materia orgánica -estiércol de gallina- y una vez preparado se procede a cubrirlo con un plástico transparente.
La descomposición de los gases es desinfectante y el propio calor del sol al penetrar en el plástico produce la pasteurización del suelo preparándolo para el cultivo en condiciones adecuadas.
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Fuente: EFE (19/11/2010)
Así la precisado en declaraciones a Efe, la investigadora del centro del Ifapa Las Torres y Tomejil, Berta de los Santos García, estos nuevos hongos -Macrophomina phaseolina y Fusarium oxysporum-, se habían detectado antes, en el año 2005, pero "no con una incidencia tan alta en los cultivos como ahora, cuando han producido la muerte de plantas"..
El Fusarium oxysporum "es un patógeno considerado subletal y que se mantenía en los suelos a pesar de las desinfecciones, pero nunca había ocasionado muerte de plantas".
Para controlarlos, hay productos químicos como la cloridripina que "va muy bien", ha precisado y alternativas biológicas como la denominada biosolarización.
La biosolarización consiste la aplicación al suelo, durante mediados de julio, de gran cantidad de materia orgánica -estiércol de gallina- y una vez preparado se procede a cubrirlo con un plástico transparente.
La descomposición de los gases es desinfectante y el propio calor del sol al penetrar en el plástico produce la pasteurización del suelo preparándolo para el cultivo en condiciones adecuadas.
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9 ene 2011
Sabor umami en el jamón ibérico
Un grupo de investigadores japoneses identifica el sabor umami en el jamón ibérico
Investigadores japoneses han considerado que el jamón ibérico, al igual que el tomate y el queso parmesano, es uno de los pocos alimentos ricos en sustancias que producen el gusto "umami", uno de los cinco sabores que existen junto al dulce, el ácido, el salado y el amargo, según recoge Efe.
Fuente: eurocarne (2010/11/15)
Aunque no exista un término preciso para su traducción al español, el "umami" es el gusto sabroso y sutil conferido por sustancias comunes en alimentos japoneses como el kombu, según ha informado en un comunicado la empresa Iberselec, de Montánchez (Cáceres).
Debido a la creciente popularidad del jamón ibérico en Japón, el puro de bellota de Iberselec ha sido elegido para una investigación en ese país, ya que han detectado en él altos niveles de sustancias umami.
La investigación corre a cargo del Umami Information Center (UIC), una organización líder en la promoción y difusión mundial de información sobre el sabor umami. Esta organización nació en 1982 en Tokio, con el apoyo de la Asociación Japonesa de Fabricantes de Umami, y ha sido certificada por el Gobierno Metropolitano de Tokio como una organización sin ánimo de lucro.
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Investigadores japoneses han considerado que el jamón ibérico, al igual que el tomate y el queso parmesano, es uno de los pocos alimentos ricos en sustancias que producen el gusto "umami", uno de los cinco sabores que existen junto al dulce, el ácido, el salado y el amargo, según recoge Efe.
Fuente: eurocarne (2010/11/15)
Aunque no exista un término preciso para su traducción al español, el "umami" es el gusto sabroso y sutil conferido por sustancias comunes en alimentos japoneses como el kombu, según ha informado en un comunicado la empresa Iberselec, de Montánchez (Cáceres).
Debido a la creciente popularidad del jamón ibérico en Japón, el puro de bellota de Iberselec ha sido elegido para una investigación en ese país, ya que han detectado en él altos niveles de sustancias umami.
La investigación corre a cargo del Umami Information Center (UIC), una organización líder en la promoción y difusión mundial de información sobre el sabor umami. Esta organización nació en 1982 en Tokio, con el apoyo de la Asociación Japonesa de Fabricantes de Umami, y ha sido certificada por el Gobierno Metropolitano de Tokio como una organización sin ánimo de lucro.
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7 ene 2011
Patógenos y el mito de los cinco segundos
La ciencia no respalda este mito, según el cual, no hay riesgo de contaminación si un alimento cae al suelo y se consume en menos de cinco segundos
En ciertos países, sobre todo estadounidenses, circula una creencia popular conocida como "la regla de los cinco segundos". Según ésta, si un alimento cae al suelo y se ingiere en menos de este tiempo, no hay riesgo de contaminación microbiana. Como toda opinión de esta naturaleza, no está fundamentada en criterios académicos ni científicos. Otra afirmación similar, más habitual en países como Rusia, cuenta que "si se recoge de forma inmediata, no se considera que ha caído". El sentido es similar a la anterior. Sin embargo, varios estudios realizados en este campo prueban que sí hay riesgo y que éste depende de factores como la superficie (baldosas, alfombras o superficies de cocina) y las bacterias que en ella habitan.
Fuente: consumer (15 de noviembre de 2010)
Por MARTA CHAVARRÍAS
Si una galleta cae al suelo, ¿puede recogerse y consumirse o es mejor tirarla? Si se atendiera a la "regla de los cinco segundos", se podría ingerir sin riesgo de intoxicación alimentaria si no ha permanecido en el suelo más tiempo del mencionado. Sin embargo, investigaciones universitarias, como la desarrollada por un grupo de expertos de la Universidad de Clemson, en Carolina del Sur, tiraba por los suelos la teoría expuesta en esta creencia.
Según este análisis, la norma debería ser la de los "cero segundos", ya que patógenos como salmonella tienen capacidad de sobrevivir en superficies secas hasta cuatro semanas y de transferirse a los alimentos con el contacto inmediato. El riesgo depende también de otros aspectos como la humedad, la naturaleza de la superficie (porosa o impermeable) y el tipo de alimento: tiene menos riesgo de contaminación uno seco que otro que contenga agua.
Disparidad de criterios
En otro intento por demostrar las debilidades del mito, un grupo de expertos de la Universidad de Illinois analizó el riesgo de contaminación por E.coli en suelos con azulejos, cuando caían sobre ellos manzanas (alimentos "húmedos") y dulces (secos). Para la investigación, los expertos dejaron caer los alimentos durante intervalos de cinco, diez, treinta y sesenta segundos. Transcurrido este tiempo, los limpiaron y los colocaron en placas de agar para realizar un cultivo de posibles bacterias.
El riesgo de contaminación depende del alimento y de la superficie
Pero esta vez los resultados fueron más inesperados: se detectaron bacterias en rodajas de manzana que habían estado en el suelo más de un minuto. De ahí que los expertos admitan que se puede "esperar" al menos 30 segundos para recoger alimentos húmedos y más de un minuto en el caso de los secos antes de que se contaminen con bacterias.
En otra investigación, en cambio, se comprobó que, tras esterilizar los azulejos, inocularlos con E.coli y colocar 25 gramos de galletas durante cinco segundos, el patógeno se transfiere al alimento, una contaminación que demuestra que los microorganismos pueden pasar de la baldosa al alimento en este tiempo. En la Universidad Estatal de San Diego, en un intento de explicar si la creencia popular se demuestra con criterios científicos, detectaron gérmenes en zanahorias y biberones antes de cinco segundos. En esta ocasión, los expertos utilizaron zonas de la cocina como el fregadero, la encimera o la mesa, así como baldosas y alfombras. El área más contaminada, según los expertos, fue la encimera, seguida de las alfombras.
En el mismo estudio, se analizaron las tronas de los niños y las bandejas donde se depositan los alimentos. En comparación con otras superficies, como las encimeras, contenían más gérmenes. Esto demuestra que hay algunas zonas de la cocina, como el pomo de la puerta de la nevera, los grifos e, incluso, los interruptores de la luz, que no se desinfectan con la regularidad necesaria para eliminar posibles contaminaciones.
Pulso a la suciedad
Sea cual sea el tiempo que transcurre desde que un alimento cae en una superficie determinada hasta que se contamina, la prevención pasa por una correcta limpieza y desinfección. Salud alimentaria e higiene son conceptos que deben ir a la par con el fin de evitar que gérmenes, virus y bacterias entren a formar parte de la dieta. En la mayoría de los casos, más que el tiempo que transcurre, el aspecto que más influye en una transferencia de patógenos es el grado de contaminación de la superficie. Si un alimento se recoge de una superficie más o menos limpia, el riesgo de infección será menor, aunque hayan pasado más de cinco segundos, que en una superficie con mayor carga bacteriana, aunque pase menos tiempo.
En la cocina, cuando se habla de evitar contaminaciones y de prevenir la acción de bacterias, virus y gérmenes, deben tenerse en cuenta aspectos como la limpieza de todas las superficies, una cocción adecuada y evitar la contaminación cruzada. Una correcta limpieza pasa por:
• Utilizar agua caliente y detergente.
• Fregar con fuerza utensilios y superficies para eliminar cualquier resto de suciedad.
• Enjuagar con agua caliente.
• Lavarse las manos cada vez que se cambie de alimento.
• Mantener una correcta desinfección de utensilios, mesas, estanterías y electrodomésticos.
CÓMO SE DESPLAZAN Y CRECEN LOS MICROORGANISMOS
Para que los microorganismos puedan desplazarse de un lugar a otro necesitan un medio que se lo permita. Esta transferencia, que se denomina contaminación, es posible a través de las manos, las superficies, los alimentos e, incluso, animales. Para crecer y multiplicarse, un microorganismo necesita comida, agua, tiempo y calor. Una bacteria puede duplicarse en 15 minutos, aunque no todas son nocivas, ya que algunas tienen que alcanzar altos niveles para ser perjudiciales, mientras que otras incluso en un número muy reducido pueden provocar enfermedades.
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En ciertos países, sobre todo estadounidenses, circula una creencia popular conocida como "la regla de los cinco segundos". Según ésta, si un alimento cae al suelo y se ingiere en menos de este tiempo, no hay riesgo de contaminación microbiana. Como toda opinión de esta naturaleza, no está fundamentada en criterios académicos ni científicos. Otra afirmación similar, más habitual en países como Rusia, cuenta que "si se recoge de forma inmediata, no se considera que ha caído". El sentido es similar a la anterior. Sin embargo, varios estudios realizados en este campo prueban que sí hay riesgo y que éste depende de factores como la superficie (baldosas, alfombras o superficies de cocina) y las bacterias que en ella habitan.
Fuente: consumer (15 de noviembre de 2010)
Por MARTA CHAVARRÍAS
Si una galleta cae al suelo, ¿puede recogerse y consumirse o es mejor tirarla? Si se atendiera a la "regla de los cinco segundos", se podría ingerir sin riesgo de intoxicación alimentaria si no ha permanecido en el suelo más tiempo del mencionado. Sin embargo, investigaciones universitarias, como la desarrollada por un grupo de expertos de la Universidad de Clemson, en Carolina del Sur, tiraba por los suelos la teoría expuesta en esta creencia.
Según este análisis, la norma debería ser la de los "cero segundos", ya que patógenos como salmonella tienen capacidad de sobrevivir en superficies secas hasta cuatro semanas y de transferirse a los alimentos con el contacto inmediato. El riesgo depende también de otros aspectos como la humedad, la naturaleza de la superficie (porosa o impermeable) y el tipo de alimento: tiene menos riesgo de contaminación uno seco que otro que contenga agua.
Disparidad de criterios
En otro intento por demostrar las debilidades del mito, un grupo de expertos de la Universidad de Illinois analizó el riesgo de contaminación por E.coli en suelos con azulejos, cuando caían sobre ellos manzanas (alimentos "húmedos") y dulces (secos). Para la investigación, los expertos dejaron caer los alimentos durante intervalos de cinco, diez, treinta y sesenta segundos. Transcurrido este tiempo, los limpiaron y los colocaron en placas de agar para realizar un cultivo de posibles bacterias.
El riesgo de contaminación depende del alimento y de la superficie
Pero esta vez los resultados fueron más inesperados: se detectaron bacterias en rodajas de manzana que habían estado en el suelo más de un minuto. De ahí que los expertos admitan que se puede "esperar" al menos 30 segundos para recoger alimentos húmedos y más de un minuto en el caso de los secos antes de que se contaminen con bacterias.
En otra investigación, en cambio, se comprobó que, tras esterilizar los azulejos, inocularlos con E.coli y colocar 25 gramos de galletas durante cinco segundos, el patógeno se transfiere al alimento, una contaminación que demuestra que los microorganismos pueden pasar de la baldosa al alimento en este tiempo. En la Universidad Estatal de San Diego, en un intento de explicar si la creencia popular se demuestra con criterios científicos, detectaron gérmenes en zanahorias y biberones antes de cinco segundos. En esta ocasión, los expertos utilizaron zonas de la cocina como el fregadero, la encimera o la mesa, así como baldosas y alfombras. El área más contaminada, según los expertos, fue la encimera, seguida de las alfombras.
En el mismo estudio, se analizaron las tronas de los niños y las bandejas donde se depositan los alimentos. En comparación con otras superficies, como las encimeras, contenían más gérmenes. Esto demuestra que hay algunas zonas de la cocina, como el pomo de la puerta de la nevera, los grifos e, incluso, los interruptores de la luz, que no se desinfectan con la regularidad necesaria para eliminar posibles contaminaciones.
Pulso a la suciedad
Sea cual sea el tiempo que transcurre desde que un alimento cae en una superficie determinada hasta que se contamina, la prevención pasa por una correcta limpieza y desinfección. Salud alimentaria e higiene son conceptos que deben ir a la par con el fin de evitar que gérmenes, virus y bacterias entren a formar parte de la dieta. En la mayoría de los casos, más que el tiempo que transcurre, el aspecto que más influye en una transferencia de patógenos es el grado de contaminación de la superficie. Si un alimento se recoge de una superficie más o menos limpia, el riesgo de infección será menor, aunque hayan pasado más de cinco segundos, que en una superficie con mayor carga bacteriana, aunque pase menos tiempo.
En la cocina, cuando se habla de evitar contaminaciones y de prevenir la acción de bacterias, virus y gérmenes, deben tenerse en cuenta aspectos como la limpieza de todas las superficies, una cocción adecuada y evitar la contaminación cruzada. Una correcta limpieza pasa por:
• Utilizar agua caliente y detergente.
• Fregar con fuerza utensilios y superficies para eliminar cualquier resto de suciedad.
• Enjuagar con agua caliente.
• Lavarse las manos cada vez que se cambie de alimento.
• Mantener una correcta desinfección de utensilios, mesas, estanterías y electrodomésticos.
CÓMO SE DESPLAZAN Y CRECEN LOS MICROORGANISMOS
Para que los microorganismos puedan desplazarse de un lugar a otro necesitan un medio que se lo permita. Esta transferencia, que se denomina contaminación, es posible a través de las manos, las superficies, los alimentos e, incluso, animales. Para crecer y multiplicarse, un microorganismo necesita comida, agua, tiempo y calor. Una bacteria puede duplicarse en 15 minutos, aunque no todas son nocivas, ya que algunas tienen que alcanzar altos niveles para ser perjudiciales, mientras que otras incluso en un número muy reducido pueden provocar enfermedades.
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6 ene 2011
El consumo de arándanos rojos complementa la terapia para tratar la cistitis
Diversos estudios demuestran su utilidad en la prevención de las infecciones urinarias y su eficacia frente a cepas resistentes de bacterias
Fuente: consumer (7 de noviembre de 2010)
El arándano rojo americano puede utilizarse como complemento a la terapia con antibióticos para el tratamiento de la cistitis, según defendió el presidente de la Sociedad Española de Ginecología Fitoterápica (SEGIF), el doctor Javier Haya, durante su intervención en el XIV Curso de Formación del Grupo de Estudio de la Mujer de Madrid (GEMMA)
El doctor Haya recomendó consumir este fruto como complemento a la terapia con antibióticos para la salud del tracto urinario. Para ello, se refirió a diversos estudios que demuestran su utilidad en la prevención de las infecciones urinarias y su eficacia frente a cepas resistentes de bacterias.
Haya explicó que este fruto contendría unas sustancias denominadas proantocianidinas (PAC's), cuya acción esencial se concreta en la creación de una fina capa sobre las paredes de los tejidos, lo que impide a ciertas bacterias adherirse a ellos. "Si las bacterias no pueden adherirse al tejido celular, la infección no se produce", apuntó a este respecto.
"Este efecto antiadhesión está demostrado no sólo para gérmenes que afectan al tracto urinario, sino también para otros patógenos de las paredes del estómago y al esmalte dental", añadió. Ello ayuda a prevenir la producción de ciertas úlceras gástricas y las caries dentales, afirmó el doctor.
Las infecciones urinarias son motivo de consulta muy frecuente en Atención Primaria, hasta convertirse en la infección más común tras la respiratoria. Por este motivo, Haya aconsejó su prevención a través del consumo de 36 gramos de proantocianidinas de arándanos rojos durante 30 días, una vez cada trimestre.
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Fuente: consumer (7 de noviembre de 2010)
El arándano rojo americano puede utilizarse como complemento a la terapia con antibióticos para el tratamiento de la cistitis, según defendió el presidente de la Sociedad Española de Ginecología Fitoterápica (SEGIF), el doctor Javier Haya, durante su intervención en el XIV Curso de Formación del Grupo de Estudio de la Mujer de Madrid (GEMMA)
El doctor Haya recomendó consumir este fruto como complemento a la terapia con antibióticos para la salud del tracto urinario. Para ello, se refirió a diversos estudios que demuestran su utilidad en la prevención de las infecciones urinarias y su eficacia frente a cepas resistentes de bacterias.
Haya explicó que este fruto contendría unas sustancias denominadas proantocianidinas (PAC's), cuya acción esencial se concreta en la creación de una fina capa sobre las paredes de los tejidos, lo que impide a ciertas bacterias adherirse a ellos. "Si las bacterias no pueden adherirse al tejido celular, la infección no se produce", apuntó a este respecto.
"Este efecto antiadhesión está demostrado no sólo para gérmenes que afectan al tracto urinario, sino también para otros patógenos de las paredes del estómago y al esmalte dental", añadió. Ello ayuda a prevenir la producción de ciertas úlceras gástricas y las caries dentales, afirmó el doctor.
Las infecciones urinarias son motivo de consulta muy frecuente en Atención Primaria, hasta convertirse en la infección más común tras la respiratoria. Por este motivo, Haya aconsejó su prevención a través del consumo de 36 gramos de proantocianidinas de arándanos rojos durante 30 días, una vez cada trimestre.
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2 ene 2011
La Sandia Disminuye la Tensión Arterial
Las pruebas obtenidas en un estudio piloto dirigido por científicos de la Universidad Estatal de Florida sugieren que la sandía puede ser un arma natural eficaz contra la prehipertensión, un trastorno precursor de las enfermedades cardiovasculares.
Fuente: Scitech News (15 de Noviembre de 2010)
Ésta es la primera investigación de este tipo en seres humanos. Arturo Figueroa y Bahram H. Arjmandi han descubierto que cuando seis gramos del aminoácido L-citrulina/L-arginina, extraído de la sandía, se administra diariamente durante seis semanas, se observa una mejoría de la función arterial, y en consecuencia, una reducción de la presión arterial aórtica, tal como han comprobado en las nueve personas prehipertensas que han sido sujetos de estudio (cuatro hombres y cinco mujeres postmenopáusicas, de entre 51 y 57 años).
Estos resultados sugieren que ese producto tiene un efecto vasodilatador, y que puede impedir que la prehipertensión progrese hacia la hipertensión en toda su plenitud, un serio factor de riesgo de ataques al corazón y derrames cerebrales.
Dado lo alentador de las evidencias obtenidas en este estudio preliminar, sus autores esperan proseguir con esta línea de investigación, e incluir un grupo mucho mayor de participantes en el próximo estudio.
La sandía es la fuente natural comestible más rica en L-citrulina, que está estrechamente relacionada con la L-arginina, el aminoácido necesario para la formación de óxido nítrico, esencial en la regulación del tono muscular y para tener una presión arterial saludable.
Una vez en el cuerpo, la L-citrulina se convierte en L-arginina. Ingerir directamente L-arginina como un suplemento dietético no es una opción válida para muchos adultos hipertensos, ya que puede causar náuseas, malestar gastrointestinal y diarrea.
Por el contrario, la sandía es bien tolerada. Los participantes en este estudio piloto no experimentaron efectos adversos. Y, además de los beneficios vasculares de la citrulina, la sandía aporta una abundante cantidad de vitaminas A, B6 y C, fibra, potasio y licopina, un potente antioxidante.
Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en Estados Unidos y otras naciones. Aproximadamente el 60 por ciento de los adultos en EE.UU. son prehipertensos o hipertensos.
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Fuente: Scitech News (15 de Noviembre de 2010)
Ésta es la primera investigación de este tipo en seres humanos. Arturo Figueroa y Bahram H. Arjmandi han descubierto que cuando seis gramos del aminoácido L-citrulina/L-arginina, extraído de la sandía, se administra diariamente durante seis semanas, se observa una mejoría de la función arterial, y en consecuencia, una reducción de la presión arterial aórtica, tal como han comprobado en las nueve personas prehipertensas que han sido sujetos de estudio (cuatro hombres y cinco mujeres postmenopáusicas, de entre 51 y 57 años).
Estos resultados sugieren que ese producto tiene un efecto vasodilatador, y que puede impedir que la prehipertensión progrese hacia la hipertensión en toda su plenitud, un serio factor de riesgo de ataques al corazón y derrames cerebrales.
Dado lo alentador de las evidencias obtenidas en este estudio preliminar, sus autores esperan proseguir con esta línea de investigación, e incluir un grupo mucho mayor de participantes en el próximo estudio.
La sandía es la fuente natural comestible más rica en L-citrulina, que está estrechamente relacionada con la L-arginina, el aminoácido necesario para la formación de óxido nítrico, esencial en la regulación del tono muscular y para tener una presión arterial saludable.
Una vez en el cuerpo, la L-citrulina se convierte en L-arginina. Ingerir directamente L-arginina como un suplemento dietético no es una opción válida para muchos adultos hipertensos, ya que puede causar náuseas, malestar gastrointestinal y diarrea.
Por el contrario, la sandía es bien tolerada. Los participantes en este estudio piloto no experimentaron efectos adversos. Y, además de los beneficios vasculares de la citrulina, la sandía aporta una abundante cantidad de vitaminas A, B6 y C, fibra, potasio y licopina, un potente antioxidante.
Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en Estados Unidos y otras naciones. Aproximadamente el 60 por ciento de los adultos en EE.UU. son prehipertensos o hipertensos.
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Etiquetas:
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