El efecto de la alta radiación UV sobre las coníferas y potencialmente otros ARBOLES también sugiere tener precaución hoy en la introducción de sustancias químicas que agotan la capa de OZONO de la Tierra, que aún no se ha recuperado después de una prohibición global de los refrigerantes clorofluorocarbonos en la década de 1980 a raíz de los agujeros de OZONO.
Algunos productos químicos industriales también destruyen el OZONO atmosférico, que es el protector solar del planeta, y protege a toda la vida de los excesivos rayos UV, en particular las longitudes de onda UV-B, que producen mutaciones en el ADN.
Los resultados del experimento, que fue realizado por el estudiante graduado de la Universidad de California en Berkeley, en Estados Unidos, Jeffrey Benca, se detallan en un artículo que se publica en la edición digital de la revista Science Advances.
Benca irradió pinos de tipo bonsái de una altura de 18 pulgadas (unos 45 centímetros) con dosis de UV-B hasta 13 veces más fuertes que en la Tierra hoy en día, simulando los efectos del agotamiento de la capa de OZONO causado por las erupciones volcánicas inmensas que ocurrieron al final del Período Pérmico.
Cuando se colocaron afuera, los ARBOLES recuperaron la capacidad de producir conos de semillas sanos en años posteriores.
Los científicos han propuesto que el agotamiento del OZONO causado por erupciones volcánicas periódicas durante casi un millón de años fue una de las causas de la extinción extrema del Pérmico, pero no ha quedado claro. La lluvia ácida habría sido un efecto local, pero la extinción de casi el 70% de los animales terrestres conocidos, el 95% de la vida marina y muchos linajes de plantas fue global.
Estudios previos de modelado de paleoclima sugieren que los chorros volcánicos podrían haber eliminado la capa de OZONO en todo el mundo, aunque de manera temporal. Sin embargo, incluso si los ARBOLES antiguos recuperaran su fertilidad, repetidos episodios de esterilidad podrían haber obstaculizado el crecimiento de la población a lo largo del tiempo, llevando al colapso de la biosfera en todo el planeta, según Benca.
"Durante la crisis del final del Pérmico, los bosques pueden haber desaparecido en parte o por completo debido a la mayor exposición a los rayos UV -apunta Benca-. Con los pulsos de erupciones volcánicas ocurriendo, esperaríamos un impulso del debilitamiento del escudo de OZONO, lo que podría haber provocado la disminución de los bosques previamente observada en el registro fósil".
Una colilla tirada en la playa porque la papelera estaba muy lejos de la toalla o una botella de plástico olvidada en el campo que un despiste del dueño destinó ahí por años, son solo algunos ejemplos de toda esa BASURA que puebla la naturaleza se ha convertido ya en uno de los grandes problemas para la conservación de la biodiversidad.
De hecho, el 80% de la BASURA que provoca la contaminación del mar procede precisamente de los residuos que tiramos, ya sea en las costas o tierra adentro, desde donde viaja a través de los ríos y acaba desembocando en el mar.
Ser Humano
Sin la intervención del ser humano, en la naturaleza no existiría la BASURA. Todos los elementos cumplen una función y son reutilizados de alguna manera para su aprovechamiento en distintas etapas y de forma cíclica.
Un chicle o una lata, sin embargo, no pueden participar de este ciclo cuando quedan abandonados en el campo y permanecen ahí por años e incluso, en algunos casos, hasta por siglos.
Toda esta BASURA, sin su correcta gestión de residuos, representan uno de los problemas de contaminación más importantes ante los que se enfrenta el planeta. En el peor de los casos, puede introducirse en la cadena alimentaria de aves o peces y de la que los humanos formamos parte.
Los datos, tremendamente alarmantes, hablan por sí solos: 4,8 millones de toneladas de plástico tiradas en tierra terminan en el mar cada año; como consecuencia, al menos 267 especies han sufrido enredos en desechos plásticos o los han tragado, según Naciones Unidas, se estima que en 2050 el 99 % de las aves marinas habrán ingerido algún tipo de BASURA tóxica.
Por esta razón, es importante que la sociedad apueste por reutilizar o reciclar el plástico que se utiliza. Vamos a ver cómo afectan algunos de estos deshechos abandonados en la naturaleza:
Colillas: 10 años
Que no nos engañe su tamaño, cada colilla abandonada en la playa o en el campo es un residuo dañino que contamina el medio ambiente de múltiples formas y que dura hasta 10 años. Según la ONG SEO/Birdlife, una sola colilla puede contaminar entre 8 y 10 litros de agua. Pero eso no es todo, porque además podría terminar en el estómago de algún animal, que no será capaz de digerirlo…
Latas: hasta 100 años
Las latas de refrescos o de conservas están fabricadas de aluminio, un material que puede tardar entre 10 y 100 años en degradarse, dependiendo de su espesor, y que genera óxido de hierro, por lo que es importante su reciclaje.
Además, especies como las tortugas marinas o numerosas aves pueden ver amenazada su supervivencia cuando quedan enganchadas a las anillas de estos envases.
Plásticos: hasta 1.000 años
En esta categoría podemos encontrar múltiples formatos y variantes invadiendo campos y océanos del planeta, lo que ya se conoce como islas de BASURA.
Las botellas de agua, por ejemplo, se llevan la palma en lo que a longevidad se refiere, ya que numerosos estudios sugieren que pueden tardar hasta 1.000 años en degradarse.
Durante todo este tiempo el sol es capaz de agrietar y romperlas en fragmentos, convirtiendo cada envase en una acumulación de microplásticos que tanto aves como peces terminan en muchas ocasiones ingiriendo.
Los chicles, por su parte, están compuestos por un 80 % de plástico. A pesar de lo insignificantes que parecen, se estima que necesitan alrededor de 5 años para desaparecer y de nuevo se trata de uno de los residuos que con más frecuencia las especies confunden con comida.
Vidrio: hasta 4.000 años
4.000, esta es la friolera de años que tarda una botella de vidrio en descomponerse en la naturaleza.
Cada vez que dejamos un recipiente de este material tirado en el campo ponemos en riego el entorno y su ecosistema.
Como ocurre con muchos de los elementos anteriores, los animales pueden cortarse o ingerirlo haciendo imposible su digestión. Además, es uno de los factores de riesgo de incendio más peligrosos.
Paradójicamente, siendo uno de los residuos más contaminantes y difíciles de degradar por la naturaleza, el vidrio es íntegramente reciclable, no genera residuos en el proceso y deviene en un producto de las mismas características sin perder sus propiedades, de ahí la importancia de destinar cada envase que utilizamos al reciclaje.
Pero, ¿qué podemos hacer para reducir el problema? Una de las soluciones determinantes la encontramos copiando a la naturaleza. Ya hemos visto que ella no tira, sino que es capaz de aprovechar sus elementos y reutilizarlos.
Este modelo cíclico es la inspiración para la economía circular, una de las armas más tangibles para luchar contra la contaminación de la BASURA.
La filosofía de la economía circular es la de reducir la producción y apostar por la reutilización de los elementos que por sus propiedades no pueden volver al medio ambiente, convertir el residuo en recurso.
Que cada ciudadano sienta la responsabilidad del reciclaje es otra de las claves, ya que residuos como el aluminio, el vidrio, el papel o el cartón tienen la oportunidad de una nueva vida a partir de la transformación.
Pero además, existen iniciativas públicas y también privadas de empresas como Terracycle que recogen residuos difíciles de reciclar como colillas o cápsulas de café para darles una nueva utilidad.
Es uno de los momentos más pesados de viajar en avión: atravesar el control de seguridad. Ahora, a todo el estrés que provoca hacer esta cola, separar los líquidos, sacar el ordenador, quitarse los tacones o enseñar la calderilla de los bolsillos, podemos añadir otro más: la posibilidad de pillar un resfriado.
Esta es la conclusión a la que han llegado científicos de la Universidad de Nottinghan, en Reino Unido, y el Instituto de la Salud de Finlandia.
Resulta que esas BANDEJAS del control de rayos X donde depositamos nuestras pertenencias contienen más bacterias que ninguna otra superficie del aeropuerto analizada.
El estudio se basa en el análisis de 90 superficies distintas recogidas en el aeropuerto de Helsinki-Vantaa durante un periodo de tres semanas en 2016.
Se tomaron muestras de los lugares más sospechosos: escaleras mecánicas, los botones del ascensor... pero descubrieron que las BANDEJAS de seguridad representan el mayor riesgo de contaminación viral de todo el aeropuerto: cuatro de las ocho muestras tomadas en estos objetos de plástico dieron positivo.
En comparación, de las 42 muestras tomadas de los aseos públicos del aeropuerto (la tapa del retrete, el botón de la cadena y el cerrojo), ninguno contenía agentes de virus respiratorios
"Este estudio demuestra la necesidad de una mayor conciencia pública de cómo se extienden los virus", señaló el profesor de la Universidad de Nottinghan, Jonathan Van Tram.
Además señaló "Los pasajeros pueden minimizar el contagio lavándose las manos y tosiendo en un pañuelo o en su manga en todo momento, pero sobre todo en lugares públicos".
Un nuevo estudio en la Universidad de Reading descubrió que pequeños fragmentos de plástico penetran en insectos voladores que ponen sus huevos en el agua, y que pueden pasar de las larvas a la forma adulta.
La bióloga Amanda Callaghan, autora principal del estudio, declaró en un comunicado: "Se ha prestado mucha atención recientemente a los plásticos que contaminan nuestros océanos, pero esta investigación revela que también está en nuestros cielos".
Los microplásticos pueden originarse a partir de la contaminación plástica, que demora cientos de años en descomponerse en el medio ambiente, y se ha descubierto que está muy extendida en los océanos y en el agua dulce de todo el mundo. También se liberan directamente en el agua residual como diminutas perlas en muchos productos cosméticos. Estos son consumidos por organismos acuáticos y se transfieren a través de la cadena alimenticia a peces y otras criaturas.
Los científicos descubrieron que los microplásticos consumidos por las larvas permanecen invariablemente en el mosquito a través de la metamorfosis a una pupa que no está alimentándose y luego a los adultos.
El nuevo estudio, publicado en Biology Letters, muestra por primera vez que los microplásticos se pueden transmitir entre las etapas de la vida de las criaturas que viven en el agua antes de pasar a un ambiente terrestre. La estudiante de doctorado Rana Al-Jaibachi alimentó con microperlas de plástico fluorescente a las larvas de mosquito y monitoreó su destino a lo largo de su ciclo de vida. Ella usó microscopios para examinar si los microplásticos se habían transferido de alimentar las etapas larvales a la etapa de pupa sin alimentación y al insecto adulto.